Sábado 16 de junio de 2012
Esta semana se encendieron los motores de la campaña presidencial en Venezuela, país en donde 18 millones de personas están citadas a las urnas electorales este 7 de octubre para elegir o reelegir a su jefe de Estado. Elección que se debate entre la continuidad “revolucionaria” del omnipresente, aunque ahora convaleciente, Hugo Chávez, quien ya lleva 13 años en el poder, o la de los vientos de cambio, a cargo del exgobernador del Estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, representante de la oposición de ese país, gracias a 1.806.860 votos de 3 millones de personas que salieron a votar en las primarias de la Mesa de la Unidad Democrática el 12 de febrero.
Estos próximos comicios son la cara y cruz de un país que lleva más de una década padeciendo una desgastante polarización, producto de una ideología con tufo de pasado más que de presente o de futuro, pero cuyo encanto populista ha calado en un grueso de la población y que al parecer, y por la demostración de fuerza de la que ha hecho alarde su “máximo líder” esta semana, sigue haciéndolo, pese al evidente desgaste que se observa en el chavismo como fuerza, muy a la par del deterioro físico del jefe de Estado bolivariano.
Pero no hay que subestimar a su oponente, que también hizo alarde el pasado domingo tanto de buena salud y condición física, como de altísimo poder de convocatoria al llenar por completo la Plaza Caracas y sus alrededores,-bastión chavista por excelencia-; un fenómeno multicolor, lleno de banderas venezolanas y de diversas toldas políticas como no se había visto desde el 2002. No cabe duda que hay una Venezuela que pide a gritos un cambio de dirección.
Es evidente que esta contienda electoral va a destacarse por los contrastes y las comparaciones odiosas como las que hemos hecho referencia en este editorial, pero que son obvias al ojo de la opinión pública. No se puede tapar el sol con un dedo.
Confiamos que de cara a los cuatro meses que queda para las elecciones, los ciudadanos venezolanos se pregunten seriamente ¿qué ha dejado realmente estos 13 años de gobierno? para que en octubre voten por su democracia y no boten, la que podría ser la última oportunidad para defenderla.
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