Opinión

Desconfianza italiana ante el España-Croacia

Andrea Donofrio | Domingo 17 de junio de 2012
Mientras Grecia avanza en la Eurocopa aunque podría sellar el final de la Unión Europea, Italia está inquieta, sobre todo desde el punto de vista deportivo: en la tercera jornada del Grupo C de la Eurocopa de 2012, los italianos temen un posible pacto entre España y Croacia que dejaría fuera a la selección transalpina. A pesar de que los jugadores y el seleccionador nacional, Cesare Prandelli, han descartado tajantemente esta posibilidad, los tifosi saben que hay bastantes posibilidades de que el peor de los escenarios posibles se haga realidad y la selección de fútbol italiana, a pesar de no haber demeritado, deje la Eurocopa de Polonia-Ucrania. No sería la primera vez que se asistiría a un biscotto –pasteleo, amaño- en una gran cita internacional. La existencia de varios precedentes representa, sin duda, una de las razones que explican la generalizada preocupación italiana: en la historia del fútbol ha habido muchos resultados sospechosos y casos en que, años después, los protagonistas confesaron su “mala actitud” (uno de los últimos casos fue el del alemán Briegel, que confesó el amaño del resultado del Alemania-Austria en el Mundial de España, de 1982). A eso debemos sumar que Italia vivió en sus propias carnes una experiencia dudosa, ya que fue víctima de un partido muy extraño, por decirlo de forma políticamente correcta. Para los italianos debe resultar difícil olvidar el partido de 2004 entre Dinamarca y Suecia, que terminó con un 2-2, dejándoles fuera de la Eurocopa: difícil olvidar el minuto 89 de aquel partido, cuando a Thomas Sorensen se le “pasó” entre los dedos un tiro de Wilhelmsson que Mattias Jonson remató en la portería. El recuerdo de esta experiencia resulta una pesadilla nacional y alimenta los peores fantasmas; inquieta sobre todo a aquellos que recuerdan las declaraciones de los días previos al partido, donde ante el temor italiano a un posible amaño, los medios escandinavos respondían indignados apelando a su honradez. Los “convenios tácitos” en el fútbol son tan frecuentes como polémicos. Incluso las casas de apuestas conocen estas dinámicas: no fue casual que el 2-2 de Dinamarca-Suecia de 2004 fuese el empate con goles menos pagado en la historia de las apuestas y que, de la misma manera, el 2-2 de España-Croacia, cada día “cotice” menos.

Italia no depende sólo de sí misma para seguir en la Eurocopa y es evidente que los medios de comunicación nacional han sacado a relucir este tema para presionar los dos equipos y que asuman una actitud responsable. Aún así hay otra razón que explica porque este discurso agita tanto al país: lamentablemente, el mundo deportivo nacional ha dado prueba de diferentes casos de complots, escándalos futbolísticos y partidos amañados. En Italia, las apuestas ilegales del Toto-nero, los arreglos de partidos del Moggigate y las investigaciones de los últimos meses sobre las redes de apuestas, han creado una “cultura” de desconfianza, alimentando la impresión de que eso pudiera pasar en cualquier parte del mundo y que por lo tanto esta posibilidad no se puede excluir en este partido de la Eurocopa. Por eso tanto miedo al biscotto, término que procede de la hípica: con la palabra biscotto se suele referirse a las galletas dopantes que se daban a los caballos para drogarles.

Aún así, sería una gran decepción si España, un equipo que ha hecho del juego y el espectáculo su marca de fábrica, cayera en la “tentación” de “aceptar el resultado más cómodo”. La España futbolística representa un ejemplo a imitar: Vicente del Bosque resulta una persona honrada y cabe esperar que sea capaz de trasmitir a sus futbolistas los valores de la honradez, del fair-play y la deportividad. No obstante, se sabe que la pelota es redonda, que el fútbol es “caprichoso” y, por lo tanto, no se puede descartar en ningún momento un 2-2, un “resultado tan posible como otros”, que dejaría fuera a Italia. El empate haría inútil la victoria italiana ante Irlanda y es muy probable que, independientemente de cómo se geste, los medios de comunicaciones transalpinos caigan en la tentación de alimentar polémicas y sospechas. La pesadilla del biscotto recorre toda Europa y aunque la sospecha ofende, como sabiamente dice Andreotti, “pensar mal de tu prójimo es pecado, pero pocas veces te equivocas”. ¿Se repetirá la tragedia?

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