Este miércoles más de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno se dan cita en la ciudad de Río de Janeiro para asistir a la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible Río+20. Brasil asume el mando de unas negociaciones que, desde que se pusieron sobre la mesa en 1992 en la Cumbre de la Tierra, difícilmente han logrado ver la luz.
Con bajas expectativas y vigilante a los mercados internacionales, comienza la cuenta atrás para que Río de Janeiro se convierta en la capital que albergará por dos días el sueño de la sostenibilidad. Este miércoles cerca de 180 jefes de Estado y de Gobierno se reunen para debatir y replantear las nuevas bases para el desarrollo sostenible a través de la
Conferencia Río+20.El encuentro internacional además de guardar las esperanzas de impulsar un mundo más "verde", arrastra el fantasma de los fracasos de su predecesor: los Acuerdo de Río de
1992 derivados de la Cumbre del la Tierra celebrada ese mismo año, que pese a las buenas intenciones, pocos han sido los logros alcanzados en materia medioambiental a lo largo de estas dos décadas, en las que no se ha controlado la deforestación, las emisiones de Co2 o la vorágine demanda por la energía fósil.
En los últimos días Brasil se ha tomado en serio su papel de anfitrión de una cita empañada por la
cumbre de los países del G-20, que tiene lugar en Los Cabos (México), en donde ha quedado constatado que la crisis económica y no la medioambiental, centra los focos de atención de la comunidad internacional.
Desde el sábado la potencia suramericana se ha esforzado por desatascar las conversaciones para que Río+20 arranque este miércoles con una declaración final consensuada bajo el brazo, a fin de abordar puntos prioritarios como la deforestación, la seguridad alimentaria, el cambio climático, las energías limpias o el adecuado uso de los recursos hídricos.
Pero las nuevas bases que se quieren asentar en Río para impulsar las metas del llamado desarrollo sustentable, han recibido más peros que aplausos. El exsecretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático Yvo de Boer, calificó el texto propuesto por Brasil de poco ambicioso, debido a que le
“recuerda mucho” a la mayoría de acuerdos existentes.Un contexto delicado para de Boer que considera que en la en la actualidad se vive una situación "mucho más peligrosa" y compleja que en 1992, señalando que en en la cumbre de este 2012 hay "mucho más que lamentar que celebrar".
Algo en lo que las organizaciones ecologistas coinciden ante las perspectivas futuras que presentan un planeta, que aparte de arrastrar graves
problemas medioambientales como el derretimiento de los polos o registrar un récord de emisiones de gases de efecto invernadero, tiene que hacer frente a la creciente demanda demográfica que en 2.050 podría sumar los
9.000 millones de habitantes; todo esto sumado a las grandes brechas que dividen a las potencias económicas de las economías en desarrollo.
América Latina, el laboratorioLas escasas expectativas que preceden esta cumbre no han empañado el optimismo mostrado por el
Banco Mundial (BM) que ve en América Latina un territorio de posibilidades para poner en práctica las metas y objetivos de Río+20.
Para el vicepresidente de la entidad financiera para
América Latina y el Caribe, Hasan Tuluy, la región ha demostrado un liderazgo en materia de protección medioambiental. Por lo que no ha dudado en elogiar los progresos económicos y sociales alcanzado por los países latinoamericanos en los últimos años, que se han traducido en una mayor inclusión social y en la reducción de los índices de pobreza en el subcontinente, gracias a la consolidación y apertura de sus democracias y al pragmatismo demostrado por muchos de sus líderes.??
El funcionario del BM, reconoció que los problemas políticos y económicos por los que atravesaba Latinoamérica desde la Cumbre de la Tierra de 1992 hasta la de Río+20, dificultaron el desarrollo sostenible de la región. “Fueron dos décadas perdidas”.
En el caso concreto del anfitrión, Brasil, que recientemente aprobó una ley de bosques que amplia el perímetro de las tierras cultivables en el Amazonas, donde también se pone en marcha uno de los mayores proyectos hidroeléctricos del mundo con la construcción de la represa de Bello Monte; Tuluy asegura que el gigante suramericano ha dado pasos importantes en materia de políticas “verdes”.
"A pesar del crecimiento de la economía y de la población, Brasil ha conseguido reducir la devastación en la selva", señaló.
Por su parte el director del Departamento de Desarrollo Sostenible del BM, Ede Jorge Ijjász Vásquez, manifestó su apoyo a la adopción de energías renovables por parte de esta
potencia emergente, que se encuentra ante el dilema mantener su creciente desarrollo y el desafío de resarcir el impacto negativo que este ha tenido, tanto en la naturaleza como en las comunidades cuyos modos de vida dependen de ella.