Opinión

Bicicletas, educación y evolución

David Ortega Gutiérrez | Martes 19 de junio de 2012
La educación no solo hace la vida más agradable, no es meramente una cuestión de formas o buenas maneras, que también; lo básico de la educación es que hace la vida posible, por un lado, y de mayor calidad, por otro. Y esto además se refleja en muy diversas facetas de nuestra vida cotidiana. La educación es formación, es conocimiento al servicio de un buen fin. La educación es algo más que simple instrucción. El ser humano es un ser creativo, proyectivo, está por hacerse. La educación nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos. Recorre las diferentes dimensiones del ser humano: intelectual, ética, emocional.

Veamos un caso particular, donde también queda reflejada la educación de un pueblo, el uso de la bicicleta en nuestras calles y carreteras. Recientemente la Fundación Mapfre ha dado a conocer un estudio de su Instituto de Seguridad Vial. Los datos más relevantes son los siguientes: España lidera el ranking europeo de ciclistas fallecidos en vías interurbanas, 67 ciclistas fallecidos en 2010, que supone un 20% más que en el año anterior, 90 % de ellos son hombres, principalmente entre 15 y 17 años, y de 55 a 64 años, cerca de 3 millones de españoles usan la bici a diario.

La educación se basa principalmente en el respeto al otro y para ello es esencial respetar las normas de convivencia que nos hemos dado, de lo contrario vivir o con-vivir se hace complicado. La educación se basa en nuestra dimensión pública, somos seres sociales, animales cívicos que dirían los griegos clásicos, por cierto, los padres de la educación. El principal problema es de concienciación o educación. Es evidente que automóviles y bicicletas tienen que convivir en un espacio de riesgo, que son las carreteras urbanas e interurbanas. También parece indiscutible que la bicicleta es el más débil y vulnerable de los dos vehículos, esto implica lógicamente un plus de prudencia y control por parte del conductor de un coche frente a un ciclista. La velocidad del coche es el principal problema junto con la distancia de seguridad, esta es la principal queja de los ciclistas: excesiva velocidad y poca distancia de seguridad.

La cuestión de fondo es de educación y concienciación, como casi siempre, todos debemos respetar las normas, ciclistas y conductores de automóviles, sabiendo que en las dos partes hay una que asume todo el riesgo (bici) y otra que prácticamente no asume ninguno (coche). El ciclista debe ser respetuoso con las normas, debe ser prudente en su conducción, debe ir con todo el equipo reglamentario exigido: casco, chaleco, luz delantera y trasera, reflectantes, timbre. El conductor de automóviles debe ser sensato, saber que puede hacer un daño irreparable al ciclista, controlar la ansiedad que le produce la lentitud de la bicicleta, tener calma y ceder siempre, la bicicleta por su propia debilidad siempre tiene prioridad, pues en caso de colisión es una vida humana la que está en juego.

Por último, la bicicleta es un medio de transporte lleno de ventajas, no ataca al medio ambiente, nos ayuda a mantenernos en forma física y mental, supone un ahorro económico importante, todo lo contrario en este caso que el automóvil, que tiene otras ventajas pero no éstas. La bicicleta cada vez más estará presente en nuestras ciudades, el futuro es suyo por las razones indicadas, es un medio ideal para las urbes. Por ello es decisivo que desde ya aprendamos a convivir bicicletas y automóviles, principalmente es una cuestión de concienciación y respeto por parte de ambos conductores, con prioridad siempre de la bicicleta por lo ya explicado. El automovilista tiene que acostumbrarse a conducir con una bicicleta a su lado, olvidar su ansiedad, especialmente en la ciudad, por ir más rápido, al final el posible retraso que la bicicleta pueda producir es una cuestión de segundos, y frente a ello no tiene sentido poner en peligro la vida de una persona.