Opinión

¿Hay democracia en Egipto?

Miércoles 20 de junio de 2012
Todo parece indicar que el próximo presidente de Egipto será el candidato del Partido Libertad y Justicia -PLJ-, Mohamed Cursi. La cautela se debe a que si bien el PLJ -más conocido como “Hermanos Musulmanes”- es quien ha ganado las elecciones presidenciales, la tutela que ejerce la junta militar sobre toda la vida política hace difícil presagiar nada a corto plazo. La plaza Tahrir de El Cairo, verdadero barómetro social del país, sigue congregando en sus inmediaciones a una multitud cansada de esperar una democracia que no acaba de llegar.

Ello es así por las reticencias del Ejército a entregar un poder que no le corresponde, perdiendo así el control del país. Ese es justo uno de los motivos que ha devenido en la victoria de los Hermanos Musulmanes: la ruptura con un pasado corrupto y totalitario, representado por el antiguo régimen de Mubarak y los militares. Desde fuera, resulta obvio que islamismo y pureza democrática no son precisamente sinónimos. En Egipto, las cosas se ven de otro modo.

Los Hermanos Musulmanes son mucho más de un puñado de fanáticos religiosos. Médicos, abogados, periodistas y estudiantes conforman las bases de un partido que ha sabido encontrar su sitio en una sociedad hastiada. Representan el cambio, la promesa de más Islam en detrimento de una corrupción de proporciones descomunales. Mucho mejor organizados que el resto de formaciones políticas, llevan años batallando contra el régimen de Mubarak, cimentando un prestigio que les ha aupado a la presidencia del país. ¿Temor a una involución islámica? Preocupación, en todo caso. No obstante, son la elección del pueblo egipcio tras décadas de totalitarismo, y sólo por eso merecen un respeto. El tiempo dirá.

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