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Alivio provisional

TRIBUNA

Miércoles 20 de junio de 2012
Casi se hizo audible el suspiro de alivio que el domingo por la noche emitieron una buena parte de los dirigentes europeos, tras conocer los primeros resultados de las elecciones griegas. No era novedad que triunfasen los partidarios de que Grecia siguiera en el euro, pues hasta la izquierda radical de Tsipras, Syriza, había hecho campaña prometiendo que no se saldrían del euro. Lo que querían era una renegociación pura y simple de los acuerdos aceptados por los anteriores gobiernos griegos, algo a lo que no están dispuestos ni en Bruselas ni en Berlín. Tsipras quería el euro, pero sin austeridad, lo que venía a ser algo así como pedir la luna. Los ganadores, la Nueva Democracia de centro derecha liderada por Samarás, ha matizado mucho su mensaje durante la campaña y, haciéndose eco del malestar de la opinión pública, pide que se revisen algunos aspectos del pacto con la UE, que acepta en su conjunto. Es lo más que se puede pedir en estos momentos y es bueno que los griegos se hayan dado cuenta mayoritariamente. No debe olvidarse, sin embargo, que los 129-133 escaños que parece va a tener Nueva Democracia se deben en buena medida al “regalo” de 50 escaños que la ley electoral griega atribuye al vencedor. ¡Menudo chollo…! Tan chollo como eso de aspirar a seguir en el euro sin más sacrificios. Y es que aquella lluvia benéfica en euros que caía sobre los países del sur sin apenas contrapartidas ha pasado a la historia. Se acabaron los buenos tiempos para todos.

Pero Samarás no podrá gobernar si no pacta con el Pasok, el partido socialista de Venizelos que, sorprendentemente, afirma no querer entrar en el gobierno si no se pacta también con Syriza. No se entiende muy bien qué sentido tendría esa extraña mezcla explosiva que pondría al gobierno en una continua contradicción. La izquierda radical de Syriza tiene poco que ver con la socialdemocracia del Pasok, o eso creemos. La aparente estabilidad que se conseguiría con un gobierno de concentración acabaría convirtiéndose en un inmovilismo que Grecia no se puede permitir en estos momentos. También Samarás ha hablado de un gobierno “de unidad nacional”, pero es de suponer que esa frase solo sea una variante de ese mensaje que ahora se oye en todos los países sumidos en la crisis: De esta solo podemos salir todos juntos porque todos estamos en el mismo barco. Lo lógico es que Samarás gobierne con el apoyo e incluso con la participación de Venizelos y que Tsipras se quede en la oposición. Una oposición deseablemente constructiva, porque lo que vaya a hacer ese partido neonazi que también ha entrado en el Parlamento, ya nos podemos imaginar de qué tipo va a ser.

El alivio griego es solo provisional, porque habrá que esperar cómo evolucionan las cosas en Atenas, pero no solo allí porque Grecia es solo la parte más visible del problemón con que se enfrenta la UE. Por usar la socorrida metáfora es solo la punta del iceberg de la crisis con que se enfrenta la UE. La cumbre europea que se va celebrar los últimos días de este mes tiene que tener un carácter decisorio y sus medidas tienen que aplicarse inmediatamente. Si ese Consejo Europeo no coge por los cuernos al toro de la crisis el alivio griego no habrá servido para nada y el euro se verá en un serio peligro de supervivencia. Y con él toda la UE, de la que la moneda única es símbolo y pilar fundamental. O de ahí sale un proyecto de gobernanza económica, con una política fiscal, financiera y bancaria común o la UE se situará al borde del abismo. Los griegos acaban de hacer —más o menos bien- su parte en este drama europeo. Ahora les toca a los demás hacer lo necesario para que el drama no se convierta en tragedia. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, la señora Lagarde, ha dicho que los tres próximos meses son decisivos y seguramente tiene razón. Nos la jugamos de aquí al otoño.

Las críticas elecciones griegas le han quitado visibilidad a la segunda vuelta de las elecciones legislativas francesas, que no han estado exentas de sorpresas. Los franceses han rematado la victoria concedida a Hollande en mayo, dándole en la Asamblea Nacional una cómoda mayoría absoluta que le evita el agobio de buscar aliados. Y, sobre todo, le evita a Francia una nueva experiencia de cohabitación (Presidente y Gobierno de distinto signo político), que las dos veces que se ha aplicado no ha funcionado demasiado bien. Por eso se han unificado los mandatos del Presidente y de la Asamblea -cinco años ambos- una medida que tienes aspectos positivos pero también negativos, porque erosiona el perfil del Presidente. La UMP, el partido de la derecha, ha quedado a un centenar de escaños de los socialistas, lo que es una derrota enorme. Se ve que los franceses no solo estaban hartos de Sarkozy, sino que también culpan a su partido de haber desaparecido casi absolutamente tras la arrolladora figura de su líder.

Creo, sin embargo-como ya hemos comentado aquí en otras ocasiones- que lo que ha sucedido en Francia es que se ha roto la tradicional bipolarización, en virtud de la cual en la segunda vuelta solo había dos competidores, uno del centro o de la derecha y otro de la izquierda. La prueba es que el domingo en no pocos distritos la elección era trilateral y en esas condiciones la derecha siempre tiene las de perder. La pretensiones de crear y mantener un centro independiente tienen estos resultados y el aprendiz de brujo que ha resultado ser Bayrou, el líder centrista, lo ha pagado perdiendo su escaño. Ya dijimos aquí que estas aventuras, que al final son puramente personales, tienen siempre este desenlace. Solo un sólido partido de centro-derecha puede hacer frente a las “izquierdas plurales” que ahora existen en diversos países.

Bayrou no ha sido el único, entre los políticos más notables que ha perdido o no ha logrado el escaño. El caso más notable ha sido el de Ségolène Royal, la rival de Sarkozy en 2007, antigua pareja de Hollande y madre de sus hijos, que aspiraba a presidir la Asamblea Nacional. También se ha quedado fuera la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen, que dado el sistema electoral francés, mayoritario, por distritos uninominales y a dos vueltas, no puede transformar en escaños el notable apoyo que logró en la primera vuelta de las presidenciales. Su sobrina, sin embargo, si ha ganado, convirtiéndose, además, en la más joven diputada francesa en mucho tiempo. La sabia norma de las dos vueltas clarifica bastante los mecanismos electorales pues, como suele decirse, en la primera el elector vota con el corazón, esto es lo que más le gusta, y en la segunda con la cabeza, esto es lo más razonable. Hasta cierto punto los griegos han hecho un poco lo mismo, pues las elecciones del domingo pasado han funcionado de alguna manera como la segunda vuelta de las de mayo.

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