Jueves 21 de junio de 2012
El secretario de Estado de Administración Pública, Antonio Beteta, afirmaba este pasado martes en sede parlamentaria que el Gobierno elegirá “cualquier medida antes que la reducción de salarios a los funcionarios”. Ese argumento puede volverse en contra del PP más pronto que tarde, igual que tantos otros. Tal y como están las cosas, es una temeridad asegurar que no se adoptarán una serie de medidas que de aquí a nada pueden resultar imprescindibles. Es más, si todas esas medidas se hubieran tomado en los dos primeros meses de gobierno, en lugar de escuchar los cantos de sirena de los electoreros de Corte sobre sondeos y elecciones que luego siempre terminan por perderse, la purga ahora sería más llevadera y las medidas hubieran surtido su efecto. Ahora, con toda probabilidad, subida del IVA, bajada del sueldo a empleados públicos, privatizaciones y ajustes varios deberán acometerse en los próximos meses. O eso, o la presión de los mercados seguirá asfixiando a la deuda pública española.
En la última subasta de letras la demanda fue muy superior a la oferta; buena señal, indicadora de que hay todavía quien quiere invertir en bonos españoles. El problema es el elevado interés al que dichos títulos fueron colocados, y eso implica más endeudamiento y, por ende, mayor coste de financiación. El pequeño respiro que daba ayer la bajada de la prima y el repunte del IBEX 35 no son en absoluto significativos. Si el Ejecutivo sigue con su negativa a hacer lo imprescindible, por impopular que pueda resultar, es posible que dentro de poco se llegue a añorar el actual nivel de la prima de riesgo. No es cuestión de negar la mayor, sino de hacer lo que hay que hacer. Y, de paso, explicarlo con luz y taquígrafos.
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