Andrea Donofrio | Domingo 24 de junio de 2012
Mientras el Fiscal de Milán pide tres años y ochos meses de cárcel a Silvio Berlusconi por alteración de derechos televisivos en el caso Mediaset, el ex mandatario parece cada vez más decidido a volver a la política activa. Aunque la indiscreción está por confirmar, los rumores apuntan a un clamoroso retorno: Italia se libró de Berlusconi hace sólo pocos meses, tras un largo “reinado” cuyas consecuencias siguen afectando al país. En sus primeras declaraciones, el cavaliere ha indicado la posibilidad de que Italia abandone el euro: es evidente que se trata de una declaración altamente populista, motivada por el deseo desesperado de recuperar la popularidad pérdida.
No son las primeras palabras en esta dirección: el 1 de julio sugirió que el Banco Central de Italia debería comenzar a imprimir liras (o incluso más euros, sin consultar al Banco Central Europeo) para ayudar al país a salir de la recesión. Estas afirmaciones despiertan inquietud y perplejidad: en pasadas columnas, subrayaba el peligro de este nuevo populismo que apela a la salida del euro, que culpa a la UE –y a Merkel- de la crisis italiana, olvidando los verdaderos responsables e ignorando la incapacidad del anterior Gobierno italiano. No debe sorprender que el “nuevo” discurso de Berlusconi se parezca tanto al del comediante Beppe Grillo, figura emergente en el panorama político nacional y mentor del Movimiento Cinco Estrellas, formación “sorpresa” de las últimas elecciones administrativas. Tanto Grillo como Berlusconi –dos figuras que provienen del mundo del espectáculo y se caracterizan por una elevada dosis de demagogia- están intentando sacar beneficio del creciente sentimiento anti-euro que se difunde entre los ciudadanos italianos, sacudidos por la profunda recesión y las duras medidas que el Gobierno Monti ha aprobado. Resulta lamentable que el antiguo jefe de Gobierno busque un chivo expiatorio, menosprecie a la Unión Europea y se postule como hombre de cambio. La salida del euro podría tener graves consecuencias económicas y problemáticos efectos políticos al poner a Italia al margen de la UE. Parece demasiado simplista culpar al euro e intentar así amansar a los italianos: un sondeo del “Pew Research Center” demuestra que para un 44% de los italianos, la decisión de entrar en el euro ha sido perjudicial para el país.
Genera muchas perplejidades la posibilidad de que Berlusconi –cabe recordar que aún se enfrenta a un juicio por mantener relaciones con una menor- pueda volver a participar en la vida política nacional: tras una década tan desastrosa para la economía italiana, tan grotesca e ignominiosa para la credibilidad del país, tan peligrosa para el futuro del Estado de derecho y la democracia en Italia, resulta lamentable que el cavaliere se prepare para asumir nuevamente un papel activo en la política nacional. Asimismo, resulta preocupante que Berlusconi adquiera un tono cada vez más crítico respecto al actual ejecutivo, continuando, como en el pasado, con sugerencias provocativas, demagogas y, a medio-largo plazo, dañinas para Italia. No obstante, lo que más indignación provoca es su idea de estar listo para gobernar el país, de representar el cambio y de poder guiar un centro-derecha renovado. Berlusconi representa un pasado, probablemente, del que no estar demasiado orgullosos: su experiencia política ha sido desastrosa. Berlusconi no cambia, tal y como demuestran sus últimos comentarios: en línea machista –“no puedo asumiros a todos como colaboradores, si puedo asumir a todas las colaboradoras”- y discriminatoria –“si hay algo de lo que nunca he sido acusado, es de ser gay”. No basta con cambiar nuevamente “el nombre” del partido, técnica de mercadotecnia que en el pasado le dio resultados: debería cambiar la sustancia, la oferta política, el programa y, sobre todo, los políticos que le han acompañado hasta la fecha, unidos por un vínculo clientelar, de interés y que se han distinguido por su ineptitud, su incompetencia y su tendencia a la ilegalidad. En resumidas cuentas, debería cambiar todo. Considero a los italianos demasiado inteligentes para dejarse encandilar nuevamente por este “showman televisivo y mago de la mercadotecnia”. En caso contrario, tendría razón el escritor Umberto Eco al afirmar que el verdadero problema de Italia no es Silvio Berlusconi, sino los italianos, “una sociedad enferma”.