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¿Por qué no se interviene en Siria a pesar de los 11.000 muertos?

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Jueves 28 de junio de 2012
A punto de cumplirse los quince meses desde las primeras protestas, mucho ha cambiado el panorama para los sirios. En marzo de 2011, unos pocos estudiantes y opositores se echaban a la calle al calor de la Primavera árabe para exigir reformas democráticas a Baschar Al Assad. Año y medio después, y con más de 11.000 cadáveres y 150.000 refugiados, el dictador árabe recrudece la ofensiva contra su población sin que la comunidad internacional intervenga sobre el terreno. ¿Por qué?

Aún están grabadas en la retina de muchos las imágenes de un desarrapado Muamar Gaddafi siendo vapuleado y torturado por sus opositores poco antes de ser ejecutado. Horas después, el Consejo Nacional, denominación bajo la que se aglutinaron las fuerzas "revolucionarias" libias, anunciaban que el país había sido liberado tras más de cuatro décadas de dictadura.

El "rescate" del pueblo libio, tal y como entonces lo calificó Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, se produjo gracias, en gran medida, a la intervención militar por parte de la Alianza Atlántica y del resto de aliados occidentales que, tras semanas sopesando la viabilidad y la legalidad de la participación de la coalición en el conflicto, decidieron respaldar sobre el terreno a la oposición.

Al contrario de lo que entonces ocurrió, el pueblo sirio vive a diario una dramática y brutal represión por parte de Baschar Al Assad que ya ha dejado la friolera de más de 11.000 muertos y 190.000 desplazados en algo más de quince meses de revueltas y cruentos combates.

Una mezcla de intereses geopolíticos, polos de poder enfrentados y un delicado equilibrio en una de las regiones más 'calientes' del planeta confluyen para que la comunidad internacional no haya tomado cartas en el asunto y no se haya pasado de las palabras a los hechos, como sí se hizo en el caso de Libia.

"No se ha intervenido porque no hay voluntad para hacerlo debido a las complejidades de Siria y a las conexiones políticas, ya que Rusia y China, dos miembros permanentes y con derecho a veto del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, respaldan a Al Assad", señala en declaraciones a EL IMPARCIAL Haizam Amirah Fernández, investigador principal para el Mediterráneo y el mundo árabe del Real Instituto Elcano.

"En el caso de los rusos, les une a Damasco una serie de lazos históricos, la influencia y su proximidad al régimen y unos limitados intereses económicos y militares", añade Amirah Fernández. No obstante, el Kremlin mandó recientemente a la región un importante contingente naval como medida de presión para evitar "cualquier injerencia extranjera", en palabras del propio ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, un discurso muy similar al que repite una y otra vez el régimen de Al Assad.

"Los rusos no están dispuestos a ver una nueva intervención extranjera por motivos de derechos humanos, un asunto delicado para ellos con Chechenia de fondo, y creen que la comunidad internacional excedió el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU en el caso de Libia, donde ellos se abstuvieron", apunta el investigador.

Rusia lleva tiempo queriendo recuperar su influencia en el tablero de las relaciones internacionales y el caso de Siria está poniendo de manifiesto este refuerzo de su área de influencia, en el que Damasco juega un papel muy importante de cara a Oriente Próximo.

Estados Unidos mantiene excelentes relaciones con Egipto, Turquía y, sobretodo, Israel, tres pesos pesados en la región. Por su parte, Moscú ha estrechado lazos con Irán y cuenta a Damasco entre sus 'países satélite' desde los años de la guerra del Yon Kippur, a comienzos de la década de los 70. No obstante, la base de Tartús es uno de los grandes enclaves navales rusos en el Mediterráneo y nueve de cada diez armas del ejército sirio tienen procedencia son fabricadas por el Kremlin.



Además, en los últimos días, la guerra civil siria ha visto cómo un tercer elemento se incluía en esta vorágine de violencia: Turquía. El país vecino, miembro de la OTAN y con el que Siria comparte una frontera de más de 800 kilómetros, ha movilizado una treintena de lanzadores de misiles y baterías antiaéreas tras el derribo de un F-4 turco la semana pasada.

Hasta el año pasado, Ankara era "aliado económico y amigo de Damasco, pero, tras instar a Al Assad a promover reformas democráticas con el estallido de la Primavera árabe, sus posturas se han ido alejando", sostiene Amirah Fernández.

Pero Turquía no es el único país árabe con intereses en el conflicto. Mientras la gran mayoría de estados vecinos ha mostrado su frontal oposición al régimen de Damasco, excluyendo a Siria de la Liga Árabe, Irán sigue manteniendo un importante respaldo a Al Assad en distintos ámbitos: militar económico, político, etc.

A pesar de las diferencias ideológicas y confesionales que mantienen Siria e Irán, siendo el primero un país supuestamente laico y el segundo una república islámica, el régimen de los ayatolás y el de los Al Assad hace tiempo que reman en la misma dirección "porque tienen enemigos comunes, Estados Unidos e Israel, y los dos se oponen de manera radical a las políticas de Occidente", añade el académico e investigador.

Por ahora, tanto Estados Unidos como la Unión Europea se han mantenido en sus bloqueos económicos y en sus sanciones comerciales, además de un fuerte embargo de armas y el envío de observadores internacionales a la región, que se ven salpicados con periódicos mensajes de condena a través de sus respectivos portavoces y de las Naciones Unidas, aunque lejos de la acción que sí se implementó en Libia.

Además, a diferencia de Libia, que cuenta con algunas de las mayores reservas de gas y petróleo del planeta, Siria carece de recursos naturales o energéticos de relevancia, por lo que una intervención por motivos estratégicos respondiendo a motivos económicos está descartada.

Por no olvidar de los fuertes lazos que unen a Damasco y a Hizbulá, el grupo terrorista libanés, que podría actuar contra intereses occidentales en Israel si Siria es atacado.



"Nos están masacrando, que Dios nos ayude"
Mientras, día tras día, el ejército sirio intensifica su represión contra opositores y población civil con decenas de muertos por jornada sin que el conflicto tenga visos de solucionarse.

"Nos están masacrando, son unos monstruos, no distinguen entre mujeres, niños, enfermos o heridos, ellos entran en las casas, te sacan y, si tienes suerte, te pegan un tiro ahí mismo; si no, te torturan hasta la muerte", afirma a este periódico Jaled Khalifa un abogado sirio residente hasta febrero en la ciudad de Homs, una de las localidades más castigadas por el régimen, y que pudo huir a Egipto junto a parte de su familia.

"Que Dios nos ayude, ¿por qué nadie hace nada? ¿por qué no acaban con esto? Que Dios nos ayude, porque Estados Unidos y Europa ya llegan demasiado tarde y mi pueblo se desangra desde hace muchos meses", se lamenta Khalifa, que en Siria ha dejado a dos hermanos y varios primos de los que no sabe nada desde hace semanas.

Numerosas organizaciones humanitarias llevan tiempo denunciado los ataques indiscriminados que padece el pueblo sirio desde hace año y medio. Amnistía Internacional, Cruz Roja o ACNUR han pedido en reiteradas ocasiones a la comunidad internacional que ponga fin a lo que muchos ya califican como "genocidio" o "crímenes contra la humanidad".

"Siria tiene un solución muy compleja y una salida al conflicto todavía más costosa, es complicado encontrar una vía que acabe con la guerra civil que allí se está produciendo", sentencia Amirah Fernández.

Mientras, al cierre de este reportaje, la agencia Efe confirmaba la muerte de otras treinta personas en bombardeos de la aviación de Al Assad. El drama continúa.

Para contactar: borja.mota@elimparcial.es

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