Opinión

Suerte, campeones

Cristobal Villalobos Salas | Sábado 30 de junio de 2012
El fútbol tiene su historia, sus leyendas, su vocabulario, incluso a teóricos que intentan establecer sus propios sistemas filosóficos con los que entender e interpretar el juego de la pelota. De la eterna disyuntiva argentina entre Menotti y Bilardo, al reciente debate infinito, remedo de las dos Españas y de los dos lados de la fuerza, de Mourinho y Guardiola, pasando por las horas y horas de circunloquios protagonizados por Valdano, se ha formado todo un cuerpo teórico digno de las más alta ciencia o el más sublime arte.

El balompié dispone también de un rico refranero, no tan extenso como el castellano pero generoso en sentencias que, a base de repetición diaria por los periodistas de la cosa, se han convertido en normas incontrovertibles que conforman las tablas de la ley del mundo futbolístico. El clásico “fútbol es fútbol” de Boskov, filosofía cosmogónica que sirve para explicar absolutamente todo, es una de esas leyes. Otra, también conocida y repetida hasta el hartazgo, la pronunció el atacante inglés Gary Lineker, tras perder las semifinales del Mundial Italia 90 contra Alemania: “El fútbol es un deporte donde juegan 11 contra 11 y siempre ganan los alemanes”

La imbatibilidad de la maquinaria germana fue algo indudable durante largo tiempo, hasta que un día al niño Torres le entró un balón postrero y glorioso, o hasta aquel día en que les vencimos a la alemana, con un gol de cabeza a la salida de un córner, como si Puyol fuese un rubio de Renania.

A esta Eurocopa llegamos bajo el yugo económico de la Alemania de Merkel, todo un nuevo Reich que gobierna Europa bajo la espada de la economía, y con una selección alemana que parecía que iba a devorarnos, tal y como Saturno hizo con sus hijos, tal y como el sistema económico europeo lo hace con nosotros.

Pero antes de la esperada final, antes del temido momento, las frías máquinas tedescas se encontraron con su reverso: una Italia de pillos con talento, en la que el juego es una religión, o un arte si están Pirlo o “Talentino”, pero nunca un deporte.

Casi a la vez que la “Mannschaft”, arrogante y perfecta, sucumbía ante los latinos, Rajoy y Monti le echaban valor y se plantaban ante la emperatriz de la nueva Europa. Hollande les apoyaba desde la retaguardia. La prima de riesgo bajaba y la bolsa subía en una nueva derrota, en sólo un par de días, de la invencible Alemania.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano ha escrito en más de una ocasión sobre la relación existente entre fútbol y política. Quizás hoy, en ese estadio frio de Kiev, nos juguemos nuestro futuro. ¡Ánimo campeones! Que Dios reparta suerte… o nos coja confesaos.

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