Opinión

Ir por la vida con los cascos puestos

Irina Bulgákova | Lunes 02 de julio de 2012
Sin ninguna duda nos ha tocado vivir en una época interesante y contradictoria. Es la época del desarrollo rápido, de las nuevas tecnologías digitales, la globalización, la posmodernidad, los tiempos acelerados de vida, la hipertextualidad y la revolución tecnológica, cuando parece que ya nada nos puede sorprender. La aparición de los distintos soportes y medios digitales tocó todas las esferas de la vida cotidiana, provocó las transformaciones de la sociedad y los cambios en el ámbito cultural. Con la comprensión de esos fenómenos nace la nueva concepción de la sociedad, basada en la revolución tecnológica, cuyos conceptos principales son la información, conocimiento y globalización.

Yo incluiría en esta lista el problema de muchos, la falta de tiempo. Aún en los años 70 el sociólogo y futurólogo estadounidense Alvin Tóffler escribía sobre los tiempos de la velocidad ilimitada de los procesos y cambios políticos, económicos y culturales (en su libro el “Shock del futuro”, 1970).

Toffler reflexionaba sobre la rápida transformación del tiempo y del espacio, basándose en la peculiaridad del tiempo, que consistía en su aceleramiento. En efecto, en el mundo contemporáneo con la perpetua escasez del tiempo, los recursos aportados por los dispositivos portatiles que permiten el acceso a todo lo que usted quiere en tiempo real, son imprescindibles cuando el individuo necesita obtener la información en el plazo más breve posible.

A mi juicio, todos estos cambios conllevan también la manera de sacar un poco de todo, sin entrar en profundidad. Y eso, de no querer profundizar, lo encontramos a cada paso. En Moscú, por ejemplo, a la entrada del metro diariamente hay una persona que ofrece a los pasajeros un semanal gratuito que se llama “Metro”, edición para lectura rápida en el subterraneo que dispone de varias noticias, sucesos y publicidad. El periódico no aporta ninguna información realmente útil, pero sí las noticias que tienen a sus lectores entretenidos y abstraidos de sus problemas cotidianos por un momento, y sirven para el cotilleo posterior con los colegas de trabajo.

En la época soviética en el metro de Moscú leían tres de cada diez personas. Fuimos la sociedad que más leía en todo el mundo. La gente leía de todo: libros, periódicos y revistas. El objeto de lectura eran, mayormente, las obras de los clásicos rusos y de los escritores contemporáneos. En los tiempos actuales encontrar a un hombre leyendo “Guerra y paz” o algo de Antón Chéjov o Vasili Shukshín en papel, es algo inverosímil o de ficción. Los que leían en la época soviética son ahora gente mayor y ya no pueden leer tanto como antes... Y si por alguna causa bendiciosa nos encontramos frente a un joven con el libro de papel entre las manos, se le bautizaría como un bicho raro.

Hoy en día en el transporte público cada vez son más y más las personas con los e-book, libros electrónicos, y también muchos con los cascos puestos, escuchando música desde los teléfonos móviles y players musicales (la excepción sería la temporada de exámenes, cuando los estudiantes se ponen a repasar sus apuntes). Así es, creo que ya no se lee tanto como se ecucha. La gente prefiere escuchar la música o un libro grabado en un disco, a una lectura de un libro en papel o un libro electrónico. Curioso, porqué pasa esto? A lo mejor, porque la gente del siglo XXI se hizo tan perezoso para leer o, simplemente, no tienen tiempo?.. (pero sí, lo tienen para escuchar). O, tal vez, la música que nos acompaña en el transporte público y en la calle nos permita despejar la cabeza y obtener unos instantes para desconectar de todo.

Así pues, estando al corriente del desarrollo tecnológico y el uso diario de las nuevas tecnologías, Moscú de una capital que leía se convirtió en la capital que escucha. Los tiempos cambian y la sociedad también experimenta sus cambios.

El periodista y editor estadounidense, Kevin Kelly, dijo lo siguiente sobre Internet: “es una gran maquina, gran organismo polimorfo y “el agujero negro”, que absorbe todo”. En efecto, en Internet se conserva tanta cantidad de información y la aparición de los nuevos datos sucede a una tremenda velocidad, que ya no se puede verificar o distinguir lo verdadero de lo falso. A pesar de todo, los distintos dispositivos portátiles nos facilitan el acceso a una fuente enorme de información y hacen que nuestra vida sea más cómoda e, incluso divertida. No obstante, espero que con toda esta tecnología a nuestro alcance podamos asimilar tanta información sin llegar a depender de los medios que la aportan, y no permitamos que nuestra mente se convierta en el agujero negro.