Opinión

El escándalo L’Oreal amenaza a Sarkozy

Alicia Huerta | Miércoles 04 de julio de 2012
No lo puedo evitar, en cuanto me entero de que “La esclusa” ya tiene un nuevo propietario, que ha pagado por el cuadro 24,8 millones de euros, siento una enorme y picante curiosidad. Me muero de ganas por saber quién es el afortunado que, a golpe de teléfono, se metió en la subasta de Londres para pujar, millón a millón, hasta que en la sala se escuchó exclamar “sold!” con ese acento british que imagino pronunciado igual que en los primeros instantes de “El fantasma de la ópera”, justo antes de que se recuerde lo que ocurrió en el teatro cuando la hermosa lámpara se hizo añicos contra el patio de butacas, a causa de un supremo berrinche del citado fantasma. Lo cierto es que, de momento, nada se sabe del próximo destino de la obra maestra de Constable y ahora que la baronesa ya se ha hecho con el cash que precisaba, habrá que esperar a ver si quien sí disponía de ese efectivo - contante y sonante - tiene la intención de que la obra la disfruten muchos ojos o si, por el contrario, será únicamente para los suyos.

Sin embargo, los casi 25 millones de euros que a la mayoría nos dejan pensando con curiosidad en cuánto hay que tener para gastarse semejante cifra en una subasta de arte sin pestañear demasiado, son pura calderilla para fortunas famosas como la de Liliane Bettencourt, que se ha convertido, además, desde hace años en un agujero negro donde ya se ha visto precipitado más de uno. Un agujero cada vez más grande que llevaba tiempo pendiendo sobre la cabeza de Nicolas Sarkozy, a la espera de que el paraguas de la inmunidad presidencial se cerrara antes o después. Ese antes o después ha llegado a los dos meses de perder las elecciones y ya ha entrado en su casa para registrar sus agendas, sus papeles, cualquier cosa que le relacione con la anciana dama multimillonaria, finalmente incapacitada por su hija y heredera, cansada de que el deterioro mental de su madre que ella llevaba años alegando, hubiera atraído sin control pedigüeñas manos que amenazaban con dejar más que diezmada la enorme fortuna creada a partir de los cosméticos L’Oreal.

Porque fue ella, Francoise Meyers-Bettencourt, quien primero se dio cuenta de que su madre podría padecer Alzheimer y, amor filial aparte, enseguida se preocupó de que los muchos millones que le corresponderían por herencia no acabaran convirtiéndose en sólo unos pocos. Una de las acciones que la heredera tomó para evitar el descalabro económico que amenazaba su futuro patrimonio, fue convencer al mayordomo para que grabase las conversaciones que su madre mantenía con los supuestos chupópteros en los elegantes salones de la mansión. Lo jugoso, tal vez también inesperado, del contenido de las cintas sirvió para sus fines y, de paso, parece que para sacar a la luz un presunto delito de financiación ilegal que obligó a Eric Woerth, Ministro de Trabajo y Hacienda, a dejar el cargo. Fue la primera víctima política de un enrevesado escándalo al estilo de Dallas o Falcon Crest, que ahora amenaza a un Sarkozy sin gabardina ni paraguas. Estaba cantado. Porque no se trata únicamente de las escuchas, que por ser en principio ilegales tuvieron que ser en enero validadas por el Supremo. A lo que se extrae de ellas – una parte filtrada ya a los medios – hay que añadir el testimonio de la ex contable de la señora Bettencourt, Claire Thibout, quien asegura que el gestor de la codiciada fortuna, igualmente imputado, Patrice de Maistre, llegó a pedirle la suma de 150.000 euros para financiar, presuntamente, la campaña electoral del ex presidente francés en 2007.

A pesar de que la acción judicial se esperaba en cualquier momento, el registro del domicilio y del despacho de Sarkozy, así como el de sus abogados, ha pillado al ex mandatario galo de viaje en Canadá. Muchos hablan ya del peligroso maleficio de los ex presidentes de la República francesa, aunque, siempre presuntamente, el maleficio debería perseguir a quien pone la mano cómo no debe, igual que se asegura que perseguía siempre a quienes entraban en las sagradas pirámides de los faraones.

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