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[i]¿Y qué si Reino Unido deja la Unión Europea?[/i]

tribuna

Viernes 06 de julio de 2012
Cediendo a las presiones del ala conservadora de su partido, el Premier británico ha advertido que mediante referéndum someterá a decisión del pueblo británico su permanencia en la Unión Europea. Claro que lo refiere luego “ad kalendas graecas” ya que, por de pronto, fija para el año 2015 la posible celebración de la consulta vinculante. Pero con todo, lo cierto es que de una u otra forma ya está empeñada la palabra del Primer Ministro y tendrá que celebrarse la votación.

Algunos europeístas de buen tono y mejor conciencia, se rasgan las vestiduras ante la posible salida del Reino Unido del proyecto europeo. Adelanto que no me lo creo mucho, pero no obstante y haciendo un juego de ideas, quiero indicar que no me parece ningún desastre y que más bien la autoexpulsión del club europeo puede ser una gran noticia para todos, incluidos los propios británicos y desde luego el resto de los países miembros de la Unión.

Siempre ha existido una peculiar forma de adhesión a las Instituciones Europeas por parte de los británicos. Así desde la negativa a aplicar preceptos de la Carta de Derechos Fundamentales o de la anterior Ciudadanía de la Unión, hasta la técnica del “opting out” en la aplicación de la Europa social, Reino Unido ha venido formando sistemáticamente un club propio… con un único miembro, a saber, él mismo. Si se permite una exageración, la actual situación de las relaciones entre la Isla y el Continente se parece en muchas ocasiones más un mero Acuerdo Preferente como el que celebró Ullastres con la España anterior con la entonces Comunidad Económica Europea, más precisamente con el mercado común.

…Cuentan que apareció en un periódico local una frasecita que ha hecho fortuna y quizás hasta historia, y que hacía refleja bien lo que es el Continente para los isleños: "Fog in Channel; Continent Cut Off" (Niebla en el canal, el continente está aislado). Y así ha sido durante siglos, ya que Inglaterra, más aún que el resto de la Isla, siempre jugó el papel de fiel de la balanza en las pugnas entre los Estados europeos.

¿Qué ocurriría si los británicos efectivamente, se largaran del círculo europeo? Pues no pasaría nada. Su moneda sería la misma; Londres tendría que disputar con Frankfurt, más seriamente eso sí, la supremacía de la plaza financiera europea; seguirían con su breakfast, su brunch, conduciendo al revés que los demás y, sobre todo, dejarían de dar la lata con la murga continua de exigir excepción tras excepción en todas las grandes políticas europeas, además desde luego, de la financiera, donde se excluirían definitivamente de tener peso. Buscarían mantener su relación especial con EE.UU., pero ya la tienen en gran medida. En definitiva, serían un simpático y cordial socio externo, poco molesto y nos dejarían organizarnos a los demás.

Ciertamente las críticas británicas sobre la Unión muchas veces están justificadas (exceso de burocracia, por ejemplo). Aprendamos de ellas, pero aprendamos de una vez a que la Unión Europea es cosa voluntaria de quienes están construyendo un futuro por su propia cuenta en armonía importante, tan importante que ha conseguido que seamos la primera generación de europeos que no se ha hecho la guerra entre sí. En este caso, no existe ninguna vinculación histórica necesaria a que todos permanezcamos en la misma forma en el mismo sitio. No hemos estado unidos durante siglos, sino al contrario, bien separados. Así que si el camino del futuro consiste en volver al pasado, volvamos tranquilos sabiendo que nada le pasará a la Unión por dejar de sentir molestias innecesarias de quien quiere y no quiere al mismo tiempo estar en el Continente.

Y es que el hombre del tiempo británico, tan simpático él, me parece que se equivocó de medio a medio: quien quedó aislado por la niebla fue, precisamente, la preciosa Isla Británica, no nosotros.

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