Opinión

Krugman, al pilón

Guillermo Ortiz | Sábado 07 de julio de 2012
El Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, estuvo de visita recientemente por nuestro país promocionando su último libro: “¡Acabad ya con esta crisis!”, que está resultando todo un best-seller. Reconozco cierta fascinación por Krugman desde mi desconocimiento total en materia de economía. Mi juicio tiene que ver con su papel mediático, el eco que sus palabras merecen para la prensa y los analistas. Obviamente, a Krugman le gusta dar titulares y, desde luego, a los periodistas les encanta regodeare en ellos.

Ya he comentado en alguna otra ocasión hasta qué punto puede llegar a haber un abismo entre el titular y el contenido de un artículo o una entrevista cuando hablamos de Krugman. El Premio Nobel es el espejo de nuestras convicciones y nuestros prejuicios. La mitad de los expertos le trata como a un “gurú” que pudiera acabar con cualquier crisis y manejara incluso los porcentajes de probabilidad de una catástrofe u otra, y la otra mitad se mofa de él precisamente por ese afán de notoriedad.

Lo ideal sería moverse en un punto medio, es decir, no lanzarnos los titulares de Krugman a la cabeza sino hacer el esfuerzo de leer y comprender lo que está diciendo en su totalidad. Y si no lo entendemos, callarnos, que tampoco pasa nada. Determinadas reacciones en redes sociales de supuestos expertos en economía, burlándose de cada cosa que decía el Premio Nobel como si la dijera Sara Carbonero, reflejaban una tendencia muy española: “Aquí tengo razón yo y el que venga a discutir mi posición de poder, de cabeza al pilón”.

Hubo incluso quien se quejó porque Krugman, en un acto público con preguntas, sugirió que, para completar una respuesta, el interrogador leyera el libro. ¡Que leyera el libro!, se indignaban en Twitter, ¡qué desfachatez! No, señor Krugman, aquí necesitamos titulares de dos minutos, cortes rápidos y fuera de contexto para poder utilizarlos en la siguiente tertulia, que empieza en una hora y media, así que no me pida que me lea una exposición serena y detallada de sus ideas y le juzgue a partir de las conclusiones que saque. Deme el titular y vuélvase a su país.

Me decían hace poco que Krugman lo ponía fácil para generar esas reacciones de mofa. Obviamente, parece que al tipo le gusta que se hable de él. Otra cosa es que lo que se hable de él sea cierto y para eso no hace falta saber de economía, sino saber leer. Un término medio. Acertará en algunas cosas y errará en otras, estoy seguro. Pero uno no se convierte en uno de los economistas más reputados del planeta a base de decir chorradas como si fuera Bisbal en El Hormiguero.

Todo esto nos trae de vuelta al tema de siempre: el periodismo y las prisas. O las prisas, en general, en todos lados. Si algo nos ha demostrado esta crisis es que hay demasiadas cosas que no conocemos, demasiado iceberg bajo el agua. Cada día es una moneda al aire y no hay referencias válidas. Lo intentaron con la “prima de riesgo”, que parece una cosa muy comercial porque al fin y al cabo no deja de ser un número que sube y que baja y eso lo entiende cualquiera, pero cuando la referencia es completamente impredecible –reconozcámoslo, nadie sabe por qué sube, por qué baja, en qué momento se llega al punto de no retorno- mejor será buscar otro indicador que nos ayude.

¿Qué indicador? Ni idea. Para eso haría falta pararse, poner un poco de pausa, echar un vistazo a lo que estamos haciendo, pensar por nosotros mismos e incluso leer algún libro. Y después, ya sí, cogemos las horcas y los arados o sacamos a quien sea por la puerta grande.

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