Los Lunes de El Imparcial

Antonio Domínguez Rey: Lúa loura

RESEÑA

Domingo 08 de julio de 2012
Antonio Domínguez Rey: Lúa loura. Follas Novas. Santiago de Compostela, 2012. 58 páginas

En 1984 se editaba en París el cuaderno no venal Lúa loura, dieciocho poemas con los que Domínguez Rey ingresaba como autor en el sistema literario gallego; aunque lo hiciese con poquísima notoriedad, debido a las características de la edición y a las circunstancias de la producción y recepción de la lírica gallega del momento. Aquel hueco se llena ahora con la nueva entrega, no exactamente una reedición, pues aparece mejorada tras la adición de catorce nuevos poemas. El paisaje y las primeras experiencias del mundo son sus grandes temas.

El tratamiento del paisaje procede de motivos reales, basados en visitas a lugares como Caaveiro, Ons o Corrubedo. Pero es un tratamiento muy especial. Ausencia o escasez de descripción objetiva. Delgada o muy disimulada referencia impresionista. Asistimos a una epifanía, al destello de un nuevo conocimiento o, mejor, a una sumersión del sujeto en el misterio de la realidad. Se trata de una vivencia típicamente poética, en la que el encuentro con el mundo real cotidiano, pero ocurrido en un momento especial, halla un brote "singular", la singularidad de la física atómica –como el autor suele decir–, irrepetible fuera de una nueva lectura de lo real y, aun así, poco accesible.

Algo similar acontece con la referencia a experiencias de la infancia. Estamos muy lejos de la sólita recuperación del paraíso rural e infantil. Hay en el libro muchas huellas del "origen", en sentido heideggeriano y benjaminiano. Pero el sonido procede de más allá, en una onda de fondo, cósmica y social. Suena desde los cantos de labor de los labradores y marineros, y desde la luz -un sonido color o color sonoro- al amanecer, en el crepúsculo vespertino, de la noche, de las rocas, que tienen un sonido especial con el sol, con la lluvia, con el frío. Son ese sonido y color, revividos por el sujeto poético, la principal realidad representada en estos poemas. Todo es puro, primigenio, en el libro. Por eso la luna, su hilo de luz delgada, y, por supuesto, el mismo resplandor de la conciencia "objetiva" tras el silencio inmenso de la realidad siempre ahí, hablando desde antes, en los milenios pasados y en el futuro, como el mar. El mar, la luna, la piedra, el agua y muchos otros poderosos símbolos entran así en juego en estos densos poemas.

Para Domínguez Rey el pueblo gallego todavía siente alguna vez la resonancia milenaria del humo de las cosas con los siglos. Quiere reflejarse tal resonancia mediante un ritmo próximo al más común del flujo y reflujo del mar, o del fluir del agua, oscura tantas veces, en breve cascada. Así nace una métrica singular que pide el poema mismo al nacer. Singularidad dimanante no tanto del número de sílabas del verso, heptasílabos la mayor parte, como de su configuración acentual. Aunque sin monotonía, es recurrente la incidencia en el ritmo trocaico propio de la danza y canción tradicional más característica de Galicia, sobre todo de su mitad occidental, la “muiñeira vella”. También es notable el recurso sutil al fonosimbolismo. El poeta pretendió y ha conseguido resucitar aquella sonoridad antigua que el Medioevo gallego ostentó, probablemente huellas, en palabras suyas, de un reino divino. Una voz que aún tenía la lengua gallega a mediados del siglo XX y que ahora parece haber perdido, si bien late alguna vez en esa forma de verso y poema. Ahí reside quizás lo mejor de su aportación a la literatura gallega, pues, en tal sentido, no hay nada semejante en Galicia. Lúa Loura se presenta este martes 10 en la Casa de Galicia de Madrid.


Por Xesús Portas Ferro

TEMAS RELACIONADOS: