Los Lunes de El Imparcial

Stephen Gundle: La muerte y la Dolce Vita

RESEÑA

Domingo 08 de julio de 2012
Stephen Gundle: La muerte y la Dolce Vita. Traducción de Pedro Donoso. Seix Barral. Barcelona, 2012. 504 páginas. 21 €

Puede que hoy el nombre de Wilma Montesi haya caído en el olvido. Sin embargo, en la Italia de la década de los cincuenta se asoció a un gran escándalo, que adquiriría insospechadas y cada vez más complejas consecuencias y que rebasó las fronteras del país. El 9 de abril de 1953 desapareció en Roma, de forma inesperada, Wilma Montesi, una joven de veintiún años perteneciente a una humilde familia de clase media baja, que, por esas fechas, estaba a punto de contraer matrimonio con su prometido, el policía Angelo Giuliani. En un principio, se piensa en una posible fuga, aunque la hipótesis resulta improbable, dadas las características de Wilma. Poco más de un día después, el cadáver de la muchacha aparece en una playa a unos veinte kilómetros al sur de Ostia, en la localidad de Torvaianica, descubierto por el joven Francesco Bettini, quien, conmocionado, avisa a la policía local. Incluso tras el macabro hallazgo, se intenta cerrar rápidamente el asunto, considerándolo fruto de un suicidio o un accidente. Pero, finalmente, la idea no solo no prospera sino que el suceso cobra una tan enorme como inquietante magnitud.

Ahora, Stephen Gundle, historiador y profesor de la Universidad de Warwick, que ha vivido varios años en Italia, recupera la desgraciada historia de Wilma Montesi. Gundle realiza una minuciosa y exhaustiva labor de investigación que se apoya en numerosas fuentes, tanto en libros y artículos publicados como en un sinfín de documentos procedentes del rastreo en archivos policiales y periodísticos. No es la primera vez que se trata de la desaparición y muerte de Wilma Montesi –en su momento y poco después hizo correr ríos de tinta-, pero quizá ningún otro trabajo lo haya hecho a la manera tan sugerente de Stephen Gundle, al conseguir que, sin ser una novela, se lea como la más absorbente de las ficciones.

Con el trasfondo de la Roma de los años cincuenta -esa Ciudad Eterna que el magistral ojo de la cámara de Federico Fellini registró en su célebre película La Dolce Vita, y en la que Gundle también nos sumerge como si fuera un personaje fascinante-, en el libro se entremezclan, como en un dolce y a la vez siniestro aquelarre, destacados personajes del mundo de la política y del espectáculo, representantes del poder y del glamour, que creían poder moverse al margen de la ley y de la más elemental decencia. Mientras el mundo adoraba en las pantallas la miel de la dolce vita, un submundo de destrucción operaba oculto a las miradas, de ahí el título de términos contrapuestos elegido por Gundle. No vamos a desvelar el entramado del caso, pero sí hay que recalcar que en él va emergiendo, en lo que es solo la punta del iceberg, un sórdido y oscuro paisaje (drogas, explotación sexual…), poblado por figuras sin escrúpulos, en el que conviven políticos, aristócratas, mafiosos, periodistas, jueces y rutilantes estrellas cinematográficas.

La resplandeciente y explosiva belleza de Anita Ekberg, bañándose en la mítica Fontana di Trevi en el filme de Fellini, escondía un explosivo de mayor potencia que estalló con la aparición del cuerpo sin vida de Wilma Montesi y que puso de manifiesto el peligro de que la corrupción y la podredumbre alcancen a diversos estamentos del Estado. La obra de Stephen Gundle rescata muy oportunamente este caso, uno de los mayores escándalos de la reciente historia italiana, que se convierte en una llamada de atención hacia unos hechos que no son privativos solo de aquella época ni de aquel país.


Por Rafael Fuentes