Jueves 17 de abril de 2008
Una de los escasos viajes que ha realizado -aún está en ello- Benedicto XVI suscita estos días un considerable interés. No en vano, hacía bastantes años que un Papa no visitaba Estados Unidos. Además, a esto hay que añadir lo poco -en comparación con Juan Pablo II- que se prodiga el antiguo cardenal Ratzinger en sus salidas al extranjero. Ya cuando se hizo cargo del pontificado, anunció que sus desplazamientos serían menos frecuentes que los de su antecesor, y a fe que lo está cumpliendo. Por ello, elige con sumo cuidado los lugares a los que va.
Benedicto XVI visita un país con hondas raíces cristianas, pero en el que sólo un 22% de la población es católica. No obstante, hablar de ese porcentaje en una nación de casi 300 millones de habitantes es un dato a considerar. Dado el peso que la religión tiene en Norteamérica y la repercusión mundial que alcanza cuanto allí sucede -máxime si además es con motivo de semejante visita-, las declaraciones tanto del Papa como del Presidente Bush están en el punto de mira. Así, Benedicto XVI ha aprovechado la ocasión para lanzar dos claros mensajes en sendos temas de evidente delicadeza: los casos de pederastia que salpicaron a la Iglesia, y la diplomacia internacional.
En el primero, Benedicto XVI recriminó a los prelados estadounidenses la "pésima gestión" del escándalo de los sacerdotes que abusaron sexualmente de centenares de menores, afrontando un tema sumamente espinoso de la mejor manera posible: hablando claro. De este modo, se refirió a la condición de hombres de quienes ocupan cargos dentro de la Iglesia, y añadió que ésta, como tal institución, no estaba libre de que sus miembros fallasen, aunque también es cierto que a ellos ha de pedírseles un plus. La pederastia, pues, es una lacra social que ha salpicado a algunos sacerdotes, pero también a gentes de un diverso espectro social. No es justo criminalizar a un colectivo por los desmanes de algunos. Y en el segundo, el Papa abogó por una mayor preponderancia de la diplomacia a la hora de dirimir conflictos, evitando en lo posible el uso de la fuerza. En ambos asuntos habló Benedicto XVI con autoridad: moral en el primero -es la cabeza visible de la Iglesia católica-, y política en el segundo, pues lo hizo en su calidad de Jefe de Estado, el Vaticano, quien siempre se ha distinguido por tener una de las diplomacias más capaces del mundo. En suma, dentro de un panorama internacional convulso en varios frentes, son de agradecer declaraciones ponderadas y sensatas, sobre todo si proceden de alguien cuya relevancia es notoria. Y en este caso, lo es.
NUCLEARES Y EL PROBLEMA ENERGÉTICO ESPAÑOL
Esta semana Felipe González criticaba al Gobierno de Zapatero -con prudencia y sin nombrarlo- por rechazar la energía nuclear en España, mientras, de tapadillo, la compra a Francia. El actual presidente del Comité de Expertos de la UE, señalaba que existe una escasa “reflexión” acerca del tema de la energía nuclear y advertía de la proximidad de una crisis energética a nivel mundial Resulta significativo que tenga que ser un socialista, el ex presidente de Gobierno, quién denuncie a las claras lo absurdo de la postura fundamentalista antinuclear del ejecutivo de Zapatero. No sólo es poco inteligente posicionarse en contra de una de las fuentes de energía del futuro, por la que están apostando los países occidentales más destacados, si no que, además, resulta del todo hipócrita cerrar las centrales españolas para luego verse obligado a comprar el excedente de Francia.
Después de décadas de desprestigio, la percepción de la energía nuclear a nivel global está cambiando. Esta energía se sitúa, hoy por hoy, como la alternativa más viable a los combustibles fósiles. Posibilita la liberación del monopolio y el consecuente poder desestabilizador de los países productores de petróleo y es la energía más limpia desde el punto de vista ecológico, ya que no produce gases de efecto invernadero. Estas razones, entre otras muchas, han llevado a múltiples países, como Reino Unido o Finlandia, entre otros, a apostar por ella, invirtiendo en infraestructuras que posibiliten su generación.
González con sus declaraciones ha puesto el dedo en llaga. El Gobierno de Zapatero asume implícitamente la tendencia mundial de hacer uso de la energía nuclear, pero, sin embargo, parece empeñado en seguir anclado a prejuicios anacrónicos acerca de la misma. Por miedo a perder algunos votos prefiere asumir una pose de ecologismo trasnochado, que trasladar a la sociedad española lo que otros Gobiernos ya están haciendo a nivel mundial: que la energía nuclear tiene más connotaciones positivas que negativas. Es un error que las únicas noticias que lleguen a la opinión pública sobre la misma, sean como la de la central de Ascó, un hecho aislado, que no debería empañar las bondades de la que ya es la energía del futuro. Lo menos que puede exigirse de una sociedad moderna y desarrollada es un debate serio y científico. Las beaterías y prejuicios son posturas reaccionarias.
KIRCHNER: EL MODELO DE PUTIN, EN ARGENTINA
Según informaciones publicadas en el diario argentino La Nación, un sector del Gobierno de Cristina Fernández Kirchner se ha puesto como objetivo ‘reargentinizar’ las Aerolíneas Argentinas, fomentando la entrada de accionistas argentinos y desplazando a los españoles. El promotor de la idea sería el secretario de transporte, Ricardo Jaime, que, según cuenta Joaquín Morales Sola en La Nación, trata de presionar a los dueños españoles de la compañía para que vendan sus acciones a empresarios argentinos afines a los Kirchner.
Esta acción, que no es nueva, se engloba dentro de un plan mucho más amplio, que viene desde los tiempos del antecesor de Cristina, su marido, Néstor. El matrimonio Kirchner no está haciendo otra cosa que imitar el modelo de Putin en Rusia: privatizar empresas a favor de sus amigos. Antes ya se hizo lo propio con Repsol y hubo intentos con medios de comunicación e incluso con Telecom, la telefónica argentina. Resulta paradójico que quien dice gobernar para el pueblo, haga uso de su posición y los recursos que ésta pone a su disposición para actuar únicamente en su propio beneficio y en el de sus allegados. Mientras la crisis del campo no termina de resolverse, resulta preocupante observar cómo el Gobierno de Kirchner sigue sin asumir el carácter serio y responsable que debería exigírsele al ejecutivo de un país de la importancia de Argentina. Esperemos que no acaben desmontando las estructuras democráticas del país, como lo está haciendo Putin en Rusia.
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