Opinión

No hay mal que por bien no venga

Alieto Guadagni | Jueves 12 de julio de 2012
Este popular refrán, que sirvió a nuestros mayores para enfrentar con mejor animo los contratiempos de la vida, puede ser aplicado al panorama energético argentino.Desde hace años cae sin pausa la producción de hidrocarburos en Argentina, caída que refleja la reducción en las reservas motivada por el escaso nivel exploratorio, característica de la política energética vigente desde hace varios años. Se exploró menos en los últimos tiempos que en los ochenta y en los noventa, a pesar que el petróleo en esos años lejanos tenía un bajo precio internacional, en el orden de apenas la quinta parte del actual. Durante los últimos 20 años vivimos una etapa de energía abundante y exportada, ahora ya cambio el escenario como resultado del miope enfoque con el cual las autoridades implementaron la política energética, y ya entramos en una nueva etapa de energía escasa e importada. Entre el 2006 y el 2011 la balanza comercial anual energética se deterioró en casi 10.000 millones de dólares, lo cual es grave. Esto impactará en un alza de los costos que deberemos afrontar en el futuro, ya que los combustibles y el gas importado tienen costos por encima de los actuales precios internos. En el caso del gas la diferencia entre costos y precios es tan grande, que puede llegar en algunos s casos, a nada menos que una proporción de 20 a 1. El desafío que enfrentamos ahora es recuperar el autoabastecimiento energético, lo cual significa, en primer lugar, paralizar la caída en la producción y al mismo tiempo, con más inversiones en exploración, expandir la producción y el horizonte de nuestras reservas de hidrocarburos, cuya descapitalización en los últimos años supera los 300.000 millones de dólares. Pero el autoabastecimiento no se logra solamente expandiendo la oferta de hidrocarburos, que debido a sus emisiones de dióxido de carbono son poco amigables con el cambio climático, sino también encarando una reforma de la matriz de consumo energético que, actualmente depende en nada menos que un 84 por ciento del gas y del petróleo. Esto requiere expandir la oferta de otras energías que no utilicen combustibles fósiles, en esta categoría encontramos la hidroelectricidad, la energía nuclear y las típicamente renovables como la eólica, solar y mareomotriz. Pero no se trata solamente de producir mas energía que no emita dióxido de carbono y por lo tanto no agrave el proceso de calentamiento global que hoy enfrenta todo el planeta, también es necesario fortalecer las técnicas de conservación y eficiencia energética. En este sentido señalemos que son numerosas las nuevas políticas sectoriales que deberían ser implementadas para recuperar el autoabastecimiento energético; las principales son las siguientes: política de transporte interurbano de cargas y personas que priorice el ferrocarril, modernización del transporte publico en los grandes centros urbanos, nuevos códigos de edificación que estimulen la conservación energética, equipos y procesos industriales con mayor eficiencia energética y desarrollo automotriz que optimice la utilización de los combustibles. Si uno mira el futuro con confianza puede pensar que estamos enfrentando una gran oportunidad, ya que todas estas políticas propuestas no solamente fortalecen nuestro autoabastecimiento, por menor consumo de las energías tradicionales, sino que al mismo tiempo significan un estimulo al crecimiento de las energías limpias, lo cual seria una contribución a la meta que apunta a evitar que la temperatura global trepe mas de 2 grados centígrados, comparado con el nivel de los años previos a la Revolución Industrial. Este año vence el Protocolo de Kioto y a fines de año se realizara en Doha la reunión de Naciones Unidas para definir los nuevos compromisos de reducción de emisiones hacia el futuro. En las tres últimas reuniones (Copenhague 2009, Cancún 2010 y Durban 2011) nuestro aporte efectivo para reducir las emisiones de C02 fue apenas enunciativo, sin ninguna meta ambiciosa, concreta y realista basada en una política ambiental responsable; ahora estamos en condiciones de implementar una nueva política energética y ambiental que contribuya a preservar el planeta. Ha sido lamentablemente muy grave haber perdido en los últimos años el autoabastecimiento energético, pero ahora tenemos la oportunidad de apuntar a otro nuevo escenario con conservación y eficiencia, y un pujante desarrollo de energías renovables y no contaminantes.

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