Cultura

Arqueoastronomía, la ciencia que se suma a desvelar los enigmas de Egipto

juan antonio belmonte publica [i]Pirámides, templos y estrellas[/i]

Sábado 14 de julio de 2012
El estudio de la astronomía aplicada a la cultura de civilizaciones como la egipcia ha sido objeto de análisis por parte de Juan Antonio Belmonte, miembro del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), quien acaba de publicar el libro Pirámides, templos y estrellas, donde se sirve de esta ciencia para elaborar hipótesis sobre personajes tan conocidos como Nefertiti y desvelar datos sobre las razones que explican la ubicación de los templos sagrados egipcios.

“La arqueoastronomía consiste en el uso cultural de la astronomía, es decir, que no trata el estudio de la astronomía antigua como ciencia”, afirma Juan Antonio Belmonte, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y especialista en esta disciplina, de la que da cuenta en el libro que acaba de publicar Pirámides, templos y estrellas, en el que presenta los resultados de diez años de investigaciones sobre el antiguo Egipto en connivencia con la astronomía.

Belmonte explica que el conocimiento de la astronomía fue de gran utilidad para esta civilización: “Los conocimientos de astronomía de los egipcios hicieron posible que crearan un calendario, mapearan el cielo, se guiaran en el mar, crearan relojes estelares o supieran orientar los templos en un contexto sagrado”. También figura entre las aportaciones de mayor relevancia el hecho de que “sea la única herramienta fiable para datar la cronología del antiguo Egipto”, comenta este experto, para quien se trata de "la única disciplina que ha podido dar jalones claros con el margen de 30 o 40 años para la fijación de ciertos periodos de la historia egipcia”.



Sin embargo, su conocimiento no trasciende demasiado más allá del ámbito profesional. Belmonte cree que se trata de una ciencia conocida en el círculo académico en el que se mueven estudiosos como él, pero lamenta el hecho de que haya aficionados a la materia que no hagan sino desvirtuar la labor de quienes sí se han especializado en la arqueoastronomía, lo que ha supuesto la publicación de informaciones “sin verificar”.

Dado que, según comenta, no hay muchos profesionales trabajando en esta área en Egipto porque su estudio “fue abandonado a principios del siglo XX”, llegando a ser una disciplina que no se ha tenido en cuenta durante 70 u 80 años, Belmonte se congratula de que a día de hoy egiptólogos profesionales comiencen a reconocer la aportación de especialistas como él.

El estudio que ha llevado a cabo en Egipto durante diez años no ha sido un proyecto técnicamente caro, pero sí de mucho trabajo de campo, ya que ha debido trasladarse al país para analizar las estructuras en persona. Servido con un teodolito portátil auxiliado con un GPS, una brújula y una inclinómetro, Belmonte ha sido capaz de plantear sus propias teorías. Una de ellas tiene que ver con Nefertiti, de quien dice que reinó una vez muerto su marido Akenatón y antes de que lo hiciera Tutankamón. “Con las evidencias que tenemos actualmente procedentes de la astronomía, la arqueología, la epigrafía y la biología molecular es posible afirmar que Dahamunzu es Nefertiti y no Ankhesenamon como dicen los libros de historia”.



Otra de las “hipótesis de difícil verificación”, tal y como señala en su libro, es la que tiene que ver con “las pirámides de Keops y Kefren” que, a su parecer, “se construyeron con un único plan unificado”. También aborda en las páginas de su libro otra de las teorías más sonadas sobre su ubicación, que respondería a una correlación con la constelación de Orión, teoría que fue planteada por Robert Bauval.

A la pregunta de si ha podido verificar que los templos egipcios fueron ubicados astronómicamente, Belmonte responde que está “absolutamente” seguro de eso. “Las fuentes egipcias antiguas sobre la ceremonia de fundación de los templos mencionan alineamientos estelares”, comenta.

De cualquier forma, pese a que en su libro aborda la historia antigua de Egipto, monumentos megalíticos como Stonehenge o de Mesoamérica también han sido y son objeto de análisis por parte de estudiosos como Belmonte: “Para orientar una estructura, los medios con los que contaban una y otra civilización eran perfectamente adecuados. Además, tenían una capacidad de observación y predicción que nosotros hemos perdido. Hoy un astrónomo no mira al cielo, utiliza un telescopio o, incluso, a otros astrónomos que le aportan datos. Se ha perdido esa magia”.

Las perspectivas de futuro de esta ciencia son positivas, según Belmonte. “Mientras queden culturas por estudiar no terminarán las investigaciones”, sostiene este especialista, quien afirma que el equipo del que forma parte en el IAC está llevando a cabo proyectos en España, Oriente Medio y el Mediterráneo, con la perspectiva de que ponga en marcha otro en el área andina.

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