Domingo 15 de julio de 2012
Por primera vez en mucho tiempo, da la impresión de que Hugo Chávez no lo tiene todo controlado. En el ámbito doméstico, la oposición ha ido adquiriendo una consistencia de la que antes carecía, fruto de disensiones internas y de falta de liderazgo. Ahora, con Enrique Capriles como adversario solvente, Chávez sabe que no le va a ser tan fácil alzarse con el triunfo en las próximas elecciones, a pesar del fraude. De ahí que, aparte del acoso sistemático a los opositores de todas las formas posibles, haya llegado incluso a amenazarles con el ejército.
En el plano internacional, a su vez, el nombre de Chávez ha sido utilizado como arma arrojadiza en la campaña presidencial estadounidense. El republicano Mitt Romney criticaba a Obama por afirmar que el líder bolivariano “no representaba un riesgo de seguridad nacional para su país”. Y ciertamente no existe la posibilidad de que Venezuela ataque a Estados Unidos, pero su política desestabilizadora puede considerarse de todo menos amistosa. Sus relaciones con Irán, el apoyo a Gadafi y el permanente estado de tensión en que mantiene la zona pudieran incluso volverse en su contra. El venezolano de a pie tiene una serie de prioridades básicas; fundamentalmente, sobrevivir en un país cada vez más empobrecido, inseguro y carente de libertades. Pero también desea que Venezuela deje de asociarse a las bufonadas de su presidente y sea un foco permanente de conflicto. Razones todas ellas que Chávez debe tomar en consideración.
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