Irina Bulgákova | Lunes 16 de julio de 2012
Viviendo en un país con una gastronomía tan variada donde se saca un gran placer al cocinar y se disfruta de verdad de deliciosos platos basados en la cocina mediterranea, sería un pecado por mi parte no escribir nada sobre la comida tradicional rusa. Creo que en España solamente por mencionar en la conversación algunos platos, como el pescado y verduras a la plancha, un plato tan querido como las lentejas, una rica paella o una buena ración de cocido, se le pone a uno carne de gallina. A los españoles les gusta hablar sobre los temas de comida (en los cuales, por cierto, son auténticos especialistas); y a lo largo de dos años que llevo aquí me siguen preguntando con frecuencia, ¿y qué se come en tu país? Pues bien, creo que es un momento para dedicar unas líneas al arte culinario y revelar algunos secretos de la gastronomía rusa.
La cocina de la antigua Rusia tuvo su origen en el siglo IX y un mayor florecimiento en los siglos XV y XVI. Precisamente en aquellos tiempos “nació” el pan ruso que se prepara tradicionalmente de la masa agria de centeno y levadura. Los rusos solemos decir que “el pan es la cabeza de todo”; de hecho, casi ninguno de los platos de nuestra cocina tradicional se sirve sin estar acompañado de este alimento, por eso es el auténtico rey de la mesa.
El clima y el tiempo, en buena parte, son los factores principales de las preferencias gastronómicas. Gracias al invierno ruso (que en otros países europeos habitualmente provoca los comentarios como “un frío insoportable” o “es demasiado duro”) en nuestro menú tenemos el borshch, sopa muy caliente con remolacha, col, patata y otras verduras y carne. Es una sopa que no sólo se distingue por el calor alentador que da al cuerpo, sino también por su color (a cualquiera le llama la atención el rojo intenso de esta sopa). Otra opción para calentarse es la sopa shchi, sopa popular de col y legumbres con carne que se sirve con crema agria de leche. En verano para “matar el calor” nos refrescamos con una especie de gazpacho, la Okroshka, sopa fría que se hace con kvás, pepinos, rabanillo, carne picada o pescado con muchas hortalizas.
Uno de los platos más ricos y sencillos de preparar es la Ensaladilla rusa. Pero muy pocos saben que en Rusia este plato se denomina la Ensalada Olivier. Un cocinero francés, Lucién Olivier que se instaló en Rusia a mediados del siglo XIX, creó el famoso restaurante “Hermitage”, y inventó la receta de esta ensalada, que en Rusia desde entonces lleva su nombre. Cualquier plato que tiene su segundo nacimiento en el extranjero, casi siempre suele llevar otros ingredientes, más típicos de cada país. Así, probando la Ensalada Olivier (famosa Ensaladilla rusa) en el terreno español, he descubierto en mi plato los productos como el pimiento y el atún, que usted nunca encontraría comiéndola en su país de origen. Esta ensalada se prepara tradicionalmente con carne (ternera o pollo), patata, huevo, zanahoria, guisantes, pepinillos en vinagre, mayonesa y, como un detalle peculiar en muchas de ellas nos encontraremos una ralladura de manzana pelada.
Uno de los segundos platos más predilectos en Rusia es la patata hervida (o frita) con perejil y la ternera o carne de cerdo acompañados con diferentes tipos de salazones (tomates, pepinos, setas o col marinados). Entre los platos más exquisitos del menú ruso yo destacaría el jolodetz, gelatina rellena de carne. Es un plato festivo de la cocina rusa que se sirve frío. En verano en las casas de campo rusas es muy típico comer el shashlyk, carne hecha al fuego. Se convirtió y sigue siendo una buena tradición reunirse con toda la familia alrededor de la hoguera y prepararla en las brochetas con salsa especial y freir el pan sobre las ascuas del fuego extinguido.
El típico tercer plato en Rusia es una bebida refrescante, frutas hervidas (cereza, manzana o bayas del bosque), se llama el kompót. Una de las infusiones más predilectas es el té negro con miel y limón, que se suele acompañar con productos de bollería: las barankas (rosquillas), saikas (bollos), crepes (rellenos de mermelada, que también pueden ser de carne, caviar o atún y servirse como primer plato), oládiyi (buñuelos) y la gran variedad de los pasteles salados para todos los gustos, rellenos, por ejemplo, de col, huevo y cebolla o, dulces, rellenos de fresa, arándano y frambuesa. ¿Cuál sería de su gusto? Hay tanta cantidad de postres que uno se pierde frente a la elección.
Cada país tiene los platos maravillosos, típicos y peculiares. La imaginación y creación de un pueblo es fascinante y, al parecer, no tiene límites. En la comida típica y tradicional se revelan los gustos y preferencias, los hábitos y tradiciones de cada nación, y ¿qué puede ser más apacionante y placentero que conocer a otra cultura a través del arte gastronómico de su pueblo?
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