Luis María Linde, gobernador del Banco de España, ha señalado a su antecesor y a la propia institución en la responsabilidad de la mala gestión de la crisis económica.
Luis María Linde, gobernador del Banco de España, ha
comparecido ante el
Congreso de los Diputados para dar cuenta de la actividad del órgano regulador durante el último año. En el fondo de su intervención están la crisis económica y el papel de las instituciones nacionales en la gestión de la misma. La situación que vive el país, dice el órgano regulador y su gobernador, no se puede achacar exclusivamente a la incidencia de la crisis financiera internacional. Hay responsables españoles. Con nombres, apellidos, e incluso acrónimos.
El Banco de España actuó con poca decisión en los momentos de euforia, dice Linde. En aquéllos años “nadie parecía querer prever los riesgos”. No es verdad. La prueba es el acrónimo. Es decir, MAFO,
Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que escribió en aquéllos maravillosos años artículos en el diario El País que adelantaban todos los riesgos que corría la economía española por dejarse deslizar por la ola de crédito generoso y fácil sobre el mar de la vivienda. Él sí quiso prever los riesgos. Pero luego José Luis Rodíguez Zapatero le nombró gobernador del Banco de España. Le nombró no en calidad de economista, sino como político. Y su certero análisis quedó
enterrado en las hemerotecas.
La consecuencia de esa sistemática mirada hacia otro lado es que el
Banco de España “no tuvo éxito” en la supervisión, prevención y control del endeudamiento de la banca y las familias en la época del boom. Bien, eso es una obviedad. Pero tiene otras implicaciones si vienen de la boca del nuevo gobernador. Suena a que el primer paso para enderezar la labor (y la imagen) del Banco de España es el reconocimiento de sus errores. “Se actuó con poca decisión o de modo insuficiente o inadecuado”.
Ha recordado que el Banco de España fue pionero en el diseño y puesta en marcha de la provisión ancicíclica. Pero añadió que recibió enormes presiones por parte de la banca española, y eso le llevó a dejar el asunto a un lado: “Todos habríamos salido ganando si se hubiera mantenido y generalizado, tal y como el Banco de España la defendió a comienzos de 2000 y se hubiera hecho, incluso,
más exigente”. ¿No hemos recordado que al frente de la institución se colocó a un político?
Se ha
excusado, para realizar las críticas, en que habla "con la fácil lucidez que da mirar al pasado desde el presente y, por supuesto, sin querer dar ninguna lección a nadie". Pero ya sabemos que esa lucidez, en el caso de MAFO, fue previa a su actuación.
Se ha abierto la veda. Pero el Banco de España
no es el único responsable. Lo son los bancos, que conocen el mercado en que trabajan y podían pensar a dónde llevaba tanto exceso. Lo son quienes permitieron que siguiese la banca pública regional que llamábamos cajas de ahorros. Lo es el Banco Central Europeo que, al fin, orquestó esa oleada de crédito sin término. Lo es la clase política, que se benefició a corto plazo de esa prosperidad falsa, multiplicando sobre ella sus promesas sobre qué hacer con el dinero de los demás. Y lo es la sociedad española, que adormeció la fibra moral que tuviese con el anestésico del crédito fácil.
Ahora queda por ver si esa mirada hacia atrás de Luis María Linde va a quedar en unos cuantos
titulares y un borrón de letra muerta en las actas del Congreso, o va a ser el inicio de un intento por entender cómo hemos llegado al desastre que está a punto de producirse, y sentamos las bases para evitar en el futuro, al menos, que cuando se repita llegue a ser tan duro.