Miércoles 18 de julio de 2012
Hoy miércoles se vota en la sede de Naciones Unidas una declaración de condena contra Siria que está llamada al fracaso, ya que cuenta con el veto anunciado de Rusia. Su embajador, Vitali Churkin, abandonaba este pasado lunes la reunión mantenida por el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el borrador de resolución sobre Siria presentado la semana pasada por Reino Unido, tildándolo de “absolutamente inaceptable”. El punto de fricción surge, curiosamente, a tenor de un texto normativo, más concretamente el capítulo siete de la Carta de Naciones Unidas, que permite al Consejo de Seguridad aprobar una serie de medidas que van desde las sanciones, diplomáticas o económicas, hasta la intervención militar.
A la vista está que las sanciones adoptadas hasta ahora contra el régimen sirio no han conseguido absolutamente nada. Lo mismo puede decirse de las gestiones llevadas a cabo por el enviado de Naciones Unidas, Kofi Annan, cuyo fracaso es ostensible. Llegados a este extremo, resulta evidente que Bashir al Assad puede seguir masacrando a su población gracias al apoyo ruso. Sin el respaldo de Moscú, hace mucho tiempo que el régimen de Damasco habría caído. Y es cuestión de tiempo que esto acabe por suceder. En ese momento, la población siria volverá los ojos hacia el máximo valedor de su verdugo, Rusia. Y será entonces cuando Putin lamente no haber jugado mejor la baza de sacar del poder a al Assad sin perder a su mejor aliado en el Mediterráneo.
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