Opinión

Un travelling sobre el mundo árabe

Víctor Morales Lezcano | Viernes 20 de julio de 2012
Es muy marinero aquello de arriar velas y echar el ancla cuando una travesía lo reclama. Convendría hacer algo parecido en esta columna de hoy para revisitar el estado de la situación política y social en el norte de África en pleno estío.

En Mesopotamia, para iniciar el recorrido por tan legendario territorio, las cosas están que arden. No sólo por las altas temperaturas que castigan Iraq (en torno a los 50º c. en Bagdad), sino debido a la incidencia de atentados que se cruzan en el camino: chiíes versus suníes, y sunníes versus chiíes. Esta mortífera rutina se ha ido incrementando desde que el ejército americano evacuó prácticamente el escenario de la guerra de castigo occidental contra un régimen emulador de las satrapías persas de antaño.

Una maraña terrorista continúa haciendo prisionero al gobierno de Malilki, mientras que las penurias de ayer (1990) se agravan. ¿Se hizo una guerra para obtener este fin?

En Egipto, la situación interna se complica porque el Ejército y los Hermanos Musulmanes comparten una espiral de hostilidad que enfrenta, a su vez, al recién electo presidente de la república, y al supuesto “custodio” de la misma: el ejército y la élite de la oficialidad cairotas. Dos legitimidades en la palestra, que, o bien, pueden colidir, o bien, componer una transición insólita en la Región.

Continuando el trayecto en el sentido de las agujas del reloj, la sorpresa de este verano en el norte de África se llama Libia. Se temía lo peor en este arsenal de conflictos potenciales, cuya población ronda apenas los siete millones de ciudadanos; al norte, de seminómadas por doquier, y de población beduina errática por la geografía meridional del gran desierto. En este territorio vaciado de fuentes de riqueza, la desbandada de milicianos y armamento que se produjo al terminar la guerra contra Gadafi apareció como un terreno abonado para un futuro infausto. Sin embargo, los comicios del 8 de julio han dado la victoria a Mohamed Jibril, un musulmán ponderado en sus declaraciones y favorable a la síntesis entre el Islam y los tiempos que corren.

También en Túnez han regresado las aguas a su cauce, luego de un creciente malestar social por el pulso que mantienen los correligionarios de Ennahda, los seguidores del republicanismo pan-magrebí y los liberales secularizados. Una alocución ciudadana de Ghannouchi ha venido como agua de mayo, instando a los miembros del núcleo central del gobierno (Troika) elegido en los comicios de octubre de 2011 a emprender una nueva marcha que ponga los cimientos de la democracia tunecina.

En cuanto a Argelia, tendremos oportunidad de referirnos en breve al Enigma por antonomasia de la geografía turbulenta que prevalece en la Región. Por el momento, el recién fundado Foro Hispano-Argelino acaba de publicar una obra bautismal que se adentra en los vericuetos de las relaciones entre España y Argelia.

Puesto que al reino de Marruecos hemos consagrado las dos últimas entregas para EL IMPARCIAL, descendemos a continuación a los países que juegan la función de engranaje entre el norte de África y su constelación subsahariana. Es decir, nos ubicamos en la Mauritania del flanco oriental, en Mali y Níger, que se encuentran en una situación internacional doblemente comprometida: consolidar su estado y sus instituciones primordiales en un clima de desfallecimiento general, de una parte, y de otra, intentar contentar al mundo tribal de perfil yihadí que se mueve en el Sahel como si se tratara de su reino inveterado.

La caída de Tombuctú (situada en el codo del río Senegal) en manos de la insurrección prevaleciente, ha venido acompañada de insólitos despojos de mezquitas y bibliotecas que hicieron de Tombuctú una joya del Islam profundo de la Zona, descubierto por el geógrafo tangerino Ibn Battuta (1304-1368/9 d.C.).

No somos de inclinación catastrofista en las cuartillas que enviamos a EL IMPARCIAL. No obstante ello, nada peor puede haber que el avestrucismo (ignorar premeditadamente el estado del mar por cuyas aguas se navega). Un Sahel en desorden, será siempre una amenaza para naciones como Marruecos y Senegal; ambos países ejercen el papel de filtro detector de los inmigrantes africanos que, por causas concomitantes, suelen buscar desahogo y refugio en aguas de Gibraltar y en el brazo de mar que distancia a Canarias, en unos 90 kms., del “Continente de las tinieblas” a que aludía Joseph Conrad en The Heart of Darkness.