Los Lunes de El Imparcial

Joyce Carol Oates: Blonde

RESEÑA

Domingo 22 de julio de 2012
Joyce Carol Oates: Blonde. Traducción de María Eugenia Ciocchini. Alfaguara. Madrid, 2012. 933 páginas. 26 €

El 5 de agosto de1962 moría Norma Jeane Baker, pero nacía, de manera ya incontestable, el mito Marilyn Monroe. La fisura entre la vulnerable y frágil Norma Jeane, marcada por una infancia desdichada, y la poderosa Marilyn, rutilante estrella de Hollywood con el mundo a sus pies, presidió toda una vida que desembocó en tragedia. Al cumplirse ahora los cincuenta años de su muerte, no cesan las hipótesis sobre su triste final ni el culto a su legendaria figura, convertida en uno de los más populares iconos del siglo XX. Entre otros recuerdos con motivo de ese aniversario, el Festival de Cannes –en el que, curiosamente, nunca estuvo -, rindió homenaje a la actriz, que presidió el cartel oficial del evento, y llegarán a la gran pantalla dos películas sobre ella. La primera, Blonde, protagonizada por Michelle Williams y dirigida por Andrew Dominik, se basa en la novela homónima de Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938), que, aparecida originariamente en 2000, reedita ahora en España el mismo sello que la publicó.

No resulta extraño que la trayectoria y personalidad de Marilyn Monroe hayan atraído a la prolífica escritora norteamericana, sempiterna candidata al Premio Nobel. A Joyce Carol Oates le interesan los personajes complejos y las situaciones límite, que no pocas veces conllevan violencia, como es posible apreciar en títulos de la autora como La hija del sepulturero, Ave del paraíso y Una hermosa doncella. Sin duda, la más famosa rubia (blonde) de la cinematografía mundial encerraba todos los elementos para ser la base de este sugerente acercamiento a su historia.

Como aclara la propia Joyce Carol Oates en una nota preliminar, Blondeno es una biografía al uso, en su sentido estricto: “Blonde es una “vida” radicalmente destilada en forma de ficción y, a pesar de su longitud, el principio de apropiación es la sinécdoque. Por ejemplo, en lugar de los múltiples hogares de acogida en los que vivió Norma Jeane de pequeña, Blonde explora solamente uno, y éste es ficticio; de sus numerosos amantes, crisis médicas, abortos, tentativas de suicidio e interpretaciones cinematográficas, Blonde muestra un grupo selecto y simbólico”, aclarando también que “el lector que desee conocer datos biográficos fidedignos de Marilyn Monroe no debería buscarlos en Blonde, que no pretende ser un documento histórico, sino en biografías autorizadas”.

No significa esto que Joyce Carol Oates no haya llevado a cabo una labor de documentación – la propia escritora nos indica algunos de los trabajos consultados-, pero sí que no son los acontecimientos externos –aunque también a través del libro recorremos estos- donde se quiere hacer hincapié. Lo que básicamente se nos propone es una exploración, con mucho de fascinante, en el alma de Marilyn, o, mejor, en el interior de Norma Jeane. En esta monumental biografía con mucho de novelada –donde también se refleja toda una época- se alterna la tercera persona con la primera, dando en esta la palabra a la propia actriz, que nos transmite así sus miedos e inseguridades, su angustiado caminar por el territorio del dolor, en medio del aparente glamour, su condición final de juguete roto triturado por la fama, su afán por ser amada, y no solo despertar admiración o deseo, gracias a su máscara pública: “Los hombres dicen que me aman, pero ¿a quien aman? A Marilyn.”

Las conflictivas relaciones amorosas de Marilyn Monroe son un capítulo especialmente tratado en el libro. Así, con su primer marido, el anónimo James Dougherty (en la novela, Bucky Glazer), para pasar después a sus matrimonios, también fracasados, con figuras carismáticas en sus respectivas profesiones, como el jugador de béisbol Joe DiMaggio, y el dramaturgo Arthur Miller y su relación con el presidente norteamericano John F. Kennedy, a quienes se designa como “El Ex Deportista”, “El Dramaturgo” y “El Presidente”.

Para completar la visión del rostro bifronte de Norma/Marilyn que Joyce Carol Oates nos ofrece, resulta muy recomendable leer también los pasajes referidos a su esposa de Arthur Miller en sus memorias Vueltas al tiempo (publicadas en nuestro país por Tusquets). Quizá como ningún otro, Miller -que también aborda, en este caso enmascarada por la ficción, su relación con Marilyn en su pieza teatral Después de la caída-, comprendió su carácter trágico: “El sueño de Marilyn no era sueño, sino la palpitación de una criatura agotada que lucha con algún demonio. ¿Cómo se llamaba? Solo parecía ver que los demás la habían castigado y traicionado, como si se limitase a ser una simple espectadora de su propia vida. Pero al igual que las demás personas, era también la protagonista.” Parece que la explosiva estrella Marilyn Monroe lo tuvo todo, sin tener, en realidad, nada. Nada de lo que, finalmente, cuenta.

Por Rafael Fuentes

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