Economía

Natixis dice que sólo nos queda salir del euro

Crónica económica

Lunes 23 de julio de 2012
El banco francés Natixis, que hace análisis con asiduidad, se ha detenido en España y en las opciones que le quedan. Son dos, dice la entidad.

El primero es “continuar con el ajuste que comenzó en 2009 para reducir el déficit fiscal, mientras recibe algún tipo de ayuda por parte de otros países de la eurozona, como la recapitalización de sus bancos, y compras periódicas de su deuda por parte del BCE y en el futuro del EFSF-ESM”. El segundo es “abandonar el euro, incumplir con su deuda externa y devaluar drásticamente su moneda”.

Natixis rechaza la primera opción: “Es extremadamente costosa en términos de producción y de empleo, y ahora está mostrando sus límites: A pesar del incremento en el desempleo, todavía hay un déficit exterior sustancial, y el déficit fiscal no está disminuyendo, debido a la caída en la actividad. ¿Podría haber una tendencia más positiva en el futuro debido a una mejora en la competitividad?”.

La segunda opción, con todo, no plantea mucho mejores perspectivas: “Requiere una corrección inmediata del comercio exterior, ya que el país no podría seguir pidiendo prestado del exterior”. Con una moneda devaluada, las importaciones serían mucho más caras. Bien, importaríamos menos, un reflejo de la pérdida inmediata de nuestra riqueza. Pero seríamos más baratos y por tanto más competitivos. Pero Natixis sigue: “Es más, dado que el tamaño de la industria en España es pequeño, una devaluación no generaría un superávit grande, a no ser que se atrajesen nuevas avtividades”. Pero ¿Qué actividades podría atraer un país que prefiere reducir su riqueza un 30 por ciento de un plumazo a hacer las reformas necesarias para recuperar de verdad su competitividad? Eso no lo dice Natixis.

La primera y la segunda estrategias tienen un problema: La enorme deuda externa de España. La primera estrategia, que consiste en seguir en el euro, no lograría cerrar el déficit fiscal, dice el banco francés, porque tendría el mismo éxito que hasta el momento. Y nos abocaría a una reducción de las importaciones “en un 20 por ciento más”, según los cálculos del banco, “lo que significa una caída de al menos el 12 por ciento en la demanda nacional y en la renta real”. La “única esperanza” está en una mejora en la competitividad de España, que “llevaría en última instancia a un aumento en las exportaciones de España”.

El abandono del euro lograría estos objetivos de un modo más drástico. Además, “no debe olvidarse que España”, en caso de devaluar y que nadie nos prestase un euro, una peseta o lo que fuera, “ya no pagaría los intereses en su deuda externa bruta, y sólo eso eliminaría el déficit por cuenta corriente sin tener que reducir su demanda doméstica”. Suponiendo que la devaluación fuera del 30 por ciento, “las ganancias en el comercio internacional serían, en volumen, de 7,7 puntos porcentuales del PIB, lo que sería muy substancial”.

En resumen: “Si la mejora en la competitividad en costes y en los beneficios empresariales no producen resultados rápidos, la estrategia actual fallará. Los salarios tendrían que haberse reducido mucho más para eliminar el déficit externo, mientras que el déficit fiscal seguiría siendo alto”. Por otra parte, “la otra estrategia implicaría el abandono del euro, una devaluación y no pagar la deuda externa. Podría tener éxito si la devaluación atrajese nuevas actividades, dado que el sector industrial es demasiado pequeño. Pero implicaría numerosas incertidumbres: impacto sobre las multinacionales españolas, tipos de interés y términos de comercio exterior”.

Y Natixis se deja en el tintero una de las cuestiones fundamentales. Tan fundamental, que todo ese análisis se queda en nada si no lo contempla: ¿Qué pasaría con los precios? Lo normal, lo característico de una devaluación, es que los precios comenzasen a subir a una velocidad pavorosa. Si elegimos permitir la inflación, adiós a la ventaja competitiva. Podemos, y eso sí lo menciona Natixis, jugar con los tipos de interés. Unos tipos de interés altos pondrían freno a la inflación. Facilitarían el ajuste que aún queda de la economía española. Y favorecerían el ahorro, tan necesario. Pero supondrían a corto plazo más sacrificios en términos de actividad y empleo. ¿Queríamos evitarlos dejando atrás al euro? Tendrá que ser en otro mundo sin leyes económicas.

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