Irina Bulgákova | Lunes 23 de julio de 2012
No cabe duda de que la música siempre fue y sigue siendo para los españoles uno de los artes más queridos. Conozco a varios padres, aficionados a la música, que anhelan que sus hijos toquen algún instrumento musical y, viviendo en los alrededores de las grandes ciudades con la constancia admirable cada semana recorren unos kilómetros para llevar sus críos a las clases de música. Siendo yo una de las personas que se han quedado cautivadas por el poder de este arte y teniendo sobre las espaldas siete años del colegio musical, algunas de estas familias conocidas se dirigen a mi con mucho interés, queriendo saber algo sobre la formación profesional y el estado de la música en mi país.
Así pues, esta vez me dedicaré al arte músical ruso. La educación musical en el sentido profesional en Rusia empezó en el siglo XVII, cuando un estadista, diplomático e ilustrador Artamón Matvéyev fundó la primera escuela de música y teatro. Cabe destacar que a principios de dicho siglo la música estaba bajo la maldición de un patriarca (en aquella época los instrumentos musicales se quemaron cruelmente en los fuegos). Pero a finales del siglo XVII con la mano sólida de Artamón Matvéyev, la música empezó a tener una visión distinta y obtuvo una significante importancia en la corte rusa. En los tiempos de Pedro I el Grande se creó el Coro Estatal, y desde entonces empezaron a invitar a Rusia los músicos del extranjero. A partir de entonces la música oficialmente empezó a ser una herramienta más para mostrar las habilidades del hombre y expresarse libremente en el mundo.
Actualmente, existe una amplia oferta para recibir las clases particulares. Esta forma de aprendizaje es muy cómoda, ya que los profesores suelen venir al domicilio del alumno a cualquier hora y no existen las restricciones de edad. Pero la tradicional formación profesional de música en Rusia es del estado y tiene tres niveles. El primer nivel es la formación primaria que se facilita en las escuelas infantiles y juveniles de música y dura siete años. El programa de estas escuelas consiste en aprender diferentes asignaturas básicas, como el instrumento (a elección: piano, violín, guitarra, arpa, flauta, acordeón, entre otros), el coro, solfeo (estudio teórico-práctico de los signos de las notas musicales y saber entonar una melodía) y la historia y teoría de música. Se admiten los niños de 6 o 7 años y para ser alumno de un colegio primario de música en la admisión el aspirante tiene que demostrar el sentido del oído y del ritmo y poseer una buena memoria. En estas escuelas el niño aprende los principios y elementos básicos del arte musical.
En el segundo nivel de la formación profesional nos encontramos con las escuelas secundarias o los liceos profesionales de música (de tres o de cuatro años de duración). En estos centros de enseñanza (equiparado al bachillerato o al grado), aparte de las asignaturas, propias para la escuela primaria, se añaden unas disciplinas específicas, tales como el canto solo, el canto popular y la dirección de una orquesta y de un coro. Para ser alumno de una escuela musical secundaria el aspirante tiene que tener al menos la formación básica obligatoria. Este nivel de la formación musical está dirigido para todos aquellos que quieren relacionar su vida con la música de modo profesional y trabajar en este campo. Así, al terminar los estudios, uno obtiene el diploma y una de las profesiones, como artista, profesor de música y director de orquesta, entre otras.
Al tercer nivel le pertenecen las escuelas superiores de música: las Academias y los Conservatorios. Este tipo de enseñanza se equipara al postgrado, ya que esta formación es estrictamente profesional, y en la lista de las materias particulares que se aprenden en la escuela superior se incluyen los instrumentos populares (como, por ejemplo, las cucharas de madera), compositor, director del sonido y management musical.
Actualmente, la cultura musical en Rusia está muy bien desarrollada (existen aproximadamente 3 000 colegios estatales de música). Sin duda ninguna, en mi país saber tocar un instrumento musical es tan normal y corriente, como tener la formación escolar básica. Y si tendríamos que atribuir un instrumento musical a cada país, yo diría que el instrumento de España es la guitarra y el instrumento de Rusia es el piano.
Creo que la música es capaz de tener el poder especial sobre el hombre. Y aún más, nos podemos convertir en los “esclavos” de ella, ya que sabe entrar en nuestro interior y gobernar nuestras emociones y sentimientos. Por supuesto, somos nosotros quien elige que estado de ánimo tener y si nos apetece reír o llorar. Y seleccionar una canción es como si estuvieramos en una tienda de ropa: en ocasiones escogemos un traje de alegría y felicidad o probamos un vestuario de tristeza y melancolía. Pero al poder que me refiero es al poder de la música como un arte más espiritual. Y sin más, es maravilloso que existan, tanto en Rusia como en España, centros de formación profesional musical para que una persona desde la infancia sepa dominar este arte a la perfección.