Martes 24 de julio de 2012
Empieza a ser una constante el hecho de que la prima de riesgo bata máximos históricos casi cada día. Con el de ayer, España se colocaba en niveles de intervención sin que, por el momento, ni Bruselas ni el BCE parezcan querer hacer nada al respecto. Y es precisamente la intervención del Banco Central Europeo en forma de compra de deuda soberana la única posibilidad que tiene España de rebajar sus costes de financiación. Y, de paso, asegurar el EURO, enviando un mensaje contundente de su irreversibilidad, cuya duda es lo que castigan severamente los mercados. No ayuda, desde luego, la delicada situación por la que atraviesan algunas comunidades autónomas: Valencia y Murcia ya han hecho pública su intención de recurrir al fondo de liquidez, mientras que Cataluña y Castilla -La Mancha se lo están pensando. Así las cosas, es normal que los mercados no acaben de confiar en que el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy sea capaz de embridar el coste autonómico.
España es la cuarta economía europea. Tiene, como sostenía ayer Luis de Guindos, capacidad de crecimiento y un peso específico considerable, tanto como para que si cae provoque un cataclismo de consecuencias imprevisibles. A día de hoy, sólo el BCE tiene en sus manos la solución, pese a las reticencias de Mario Draghi. En la última cumbre europea de finales de junio se acordó que los fondos de rescate pudieran comprar deuda soberana, aunque no se estableció el como ni el cuando. Resulta de todo punto inaceptable que haya países que se financian al 7 por ciento, mientras otros lo hacen apenas al 1. Eso hace imposible una zona monetaria. El Gobierno está actuando, y es hora ya de que otros hagan lo propio. El BCE no puede limitarse sólo a controlar la inflación, también ha de defender al euro. Y no lo está haciendo.
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