Opinión

Necesidad de la política y de los políticos

David Ortega Gutiérrez | Martes 24 de julio de 2012
Vivimos tiempos complicados y confusos. Hay en nuestro mundo occidental una importante desorientación. Es más que probable que estemos ante una época de cambio notable, de cierta catarsis. Esto que se percibe principalmente en Europa y Norteamérica, se vive con especial intensidad en España. La tan manida crisis nos genera un ambiente de escepticismo, desilusión y cuestionamiento de casi todo: el sistema económico-financiero, el papel de la clase política, nuestros propios valores sociales y culturales.

Las crisis son algo consustancial a la historia del ser humano. El cambio y la evolución es, en alguna medida, parte de nuestro propio ser. Dicho esto, sí me preocupan ciertas posturas peligrosas que normalmente asoman en tiempos de crisis, pues las reformas son necesarias, pero hay que saberlas hacer con mucha prudencia y templanza. Me explico.

Es constatable que la ciudadanía está desengañada de la clase política. También es cierto que hay una base real importante para que la gente esté cansada y desilusionada. Los casos de corrupción, de irresponsabilidad profunda, de sueldos inaceptables en los círculos de influencia de la clase política como cajas de ahorro, empresas públicas, organismos autónomos, diferentes consejos de administración, etc., etc., y una gestión lamentable en demasiadas administraciones públicas, han generado un clima tenso y complicado. En este punto la actitud más responsable y sensata a mantener es doble: por un lado, abrir las ventanas, que entre el aire fresco hasta donde tenga que entrar, y aquellos que han actuado de forma irresponsable y contraria a las normas o hayan abusado de sus puestos de responsabilidad, deben responder hasta el final. Es imprescindible sanear nuestra vida pública. Pero, por otro lado, tenemos que defender la política y a los políticos frente a las tentaciones antidemocráticas y totalitarias. Necesitamos fortalecer nuestra democracia, regenerar nuestra vida pública. Hay en España gente magnífica, formidables profesionales, personas con una formación -en todos los órdenes- excepcional. Esas personas tienen que tener cabida en los principales puestos de responsabilidad de nuestra vida pública y política. En todos los partidos políticos también hay gente enormemente válida, que es preciso recuperar para las cúpulas directivas. Nuestros partidos políticos, y esto es clave, tienen que ser estructuras que seleccionen a los mejores de la sociedad. Personas con vocación de servicio, dispuestas a mejorar el nivel de nuestra democracia, de nuestra vida pública, y con billete de ida y vuelta en la política, no es bueno eternizarse en los puestos, hay que saberse ir.

La democracia española está ante una nueva fase. Es preciso abrir la clase política más a la sociedad española. Precisamos de una mayor y más intensa implicación de los ciudadanos en la política activa. Esto es cosa de todos. La crítica desde fuera ya no es válida. Hay que mojarse para que nuestra democracia madure y crezca y, en este sentido, nuestra sociedad española tiene que implicarse más, participar más para mejorar nuestra vida pública y especialmente política.

La vida se hace día a día, también la política. El tiempo sin duda es de cambio, de evolución. Eso es una oportunidad. Como casi siempre se dan dos posturas. Los reticentes al cambio, los que quieren que las cosas sigan como hasta ahora, que se mantenga el actual status quo; y los que pensamos que hay bastantes cosas que mejorar, que cambiar, que no vamos por el buen camino. Sigo convencido de la importancia esencial de la política y de la democracia, de la necesidad crucial de tener buenos políticos, de que hay mucha gente válida en la política, pero que tendrá que salir del armario, para producir el cambio necesario que nuestra Nación precisa. Tenemos que fortalecer nuestra Instituciones, éstas tienen que dar ejemplo, especialmente quienes las presiden y dirigen. La ejemplaridad es vital en democracia.

Vivimos tiempos de demasiado cinismo y resignación, hace falta claridad de ideas y sobre todo de coherencia en el actuar. Necesitamos de un pueblo y sociedad española más comprometida con lo público y que a los puestos más importantes de nuestras Instituciones lleguen personas de primera, que estén a la altura de los complicados y difíciles tiempos que nos están tocando vivir.