RESEÑA
Domingo 29 de julio de 2012
Nadie que albergue un mínimo interés por conocer la historia y los entresijos de la organización terrorista ETA puede permitirse el lujo de ignorar la extensa producción bibliográfica de Florencio Domínguez. Periodista, redactor jefe de la agencia de prensa Vasco Press, docente y comentarista habitual sobre asuntos de terrorismo, Domínguez ha explorado prácticamente todas las dimensiones del fenómeno etarra, variando géneros y formatos, pero siempre apoyado sobre información abundantísima, fiable y de muy difícil acceso, frecuentemente obtenida a modo de primicia. Además, Domínguez sabe ordenar esa información privilegiada y profusa con un rigor y prudencia analíticas que ya quisieran para sí otros muchos informadores e investigadores que se han acercado al problema del País Vasco. Pero todo esto ya lo sabrán quienes hayan leído alguno de sus anteriores libros o sigan sus habituales columnas en diversos medios.
Citar el título que aquí reseñamos basta y sobra para resumir su temática y la tesis del autor. Escrito con tono y estilo de crónica, el libro arranca con la tregua de Lizarra, la que ETA pactó con el PNV en septiembre de 1998, y continúa el relato hasta el 20 de octubre de 2011, día en que la organización terrorista declaró el cese definitivo de sus actividades violentas. La acotación de tal periodo permite contrastar las diferencias con que se desarrollaron las dos últimas treguas, pero también las actitudes que permanecieron en el seno de ETA: básicamente su ofuscación en la violencia y su pretensión de alcanzar y consumar una negociación con el Estado, pero no una negociación cualquiera sino solo aquella que pusiera las bases para materializar su proyecto político independentista. Aunque, por estar íntimamente ligadas la una a la otra,La agonía de ETA es también la crónica de los éxitos cosechados por las fuerzas y cuerpos de seguridad, cuya exponencial acumulación a partir del año 2000 terminó por agotar a la banda y llevarla a su actual estado de postración.
En este punto Domínguez es taxativo, y con razón: el desistimiento de ETA no puede ser explicado ni como el efecto derivado de la última tentativa negociadora propugnada por el presidente Rodríguez Zapatero ni como el resultado de una súbita conversión democrática de los etarras. Antes bien, los hechos presentados en este libro ponen de manifiesto que la ecuación de la agonía de ETA es más simple: persecución y presión policial, judicial y política, que causa el debilitamiento operativo de ETA y que fuerza la reestructuración reiterada de su dirección, que a su vez genera dos conflictos crecientes, uno interno y otro entre la propia estructura terrorista y sus subordinados políticos de la izquierda aberztale quienes, por efecto de la desesperación, acaban rebelándose contra su pasado para empezar a tratar a sus socios asesinos como iguales. Y si el libro juzga negativamente la negociación del anterior presidente del gobierno su autor también deja claro su rechazo a la tesis de la continuación de supuestas componendas ocultas entre el Estado y ETA tras el fin de la última tregua. A su juicio, el final de ETA comenzó a escribirse con el pacto por las libertades y contra el terrorismo, firmado por PP y PSOE en el año 2000, y su penúltimo capítulo se ha redactado gracias al plus de presión impuesto sobre los terroristas por Pérez Rubalcaba en su segunda etapa como ministro del Interior, en respuesta al fin de la tregua en 2006.
Digo penúltimo capítulo porque Domínguez tampoco se engaña acerca del momento presente, y a ese respecto nos advierte: ETA no ha desaparecido y el que ha sido su brazo político no atraviesa precisamente una fase de crisis. Por el contrario, la izquierda aberztale está determinada a continuar la guerra de ETA en el plano de las ideas, de la memoria y en otros terrenos también: “En el ocaso de ETA han aflorado discursos de los que quieren evitar la derrota política de los terroristas, e incluso buscan la impunidad penal de los miembros de la banda…”. Por tanto, continúa Florencio Domínguez, lo que ahora se busca desde aquel mundo es “la exculpación colectiva de quienes han sido responsables de la matanza”. En consecuencia, todavía hay fichas que jugar en esta partida. Solo que lo que ahora “está en juego (es) la victoria política de los demócratas frente a los violentos, la explicación del sentido de estos cincuenta años de sangre que se va a dejar a las futuras generaciones”.
Por Luis de la Corte Ibáñez