Sabrina Gelman | Viernes 18 de abril de 2008
La rusa Alina Kabáyeva, una atractiva joven de 24 años, que hasta la fecha es considerada como la mejor gimnasta rítmica de la historia; fama avalada con una medalla de oro en las Olimpiadas de Atenas 2004 y una de bronce en las Sídney 2000 es, según el diario moscovita Moskovski Korrespondent, el nuevo romance del presidente Vladimir Putin (55), con el que presuntamente hay planes de boda para el próximo mes de junio.
Lo que en un principio parece un cotilleo de pasillo parlamentario y puramente anecdótico al mejor estilo Sarkozy-Bruni, puede llegar a convertirse en un verdadero culebrón político, que si bien no llegaría a afectar la consolidada imagen de Putin, sí podría manchar la naciente carrera política de la deportista, quien ostenta un escaño en la Duma Estatal por el partido Rusia Unida. El movimiento partidista que hace escasos días eligió al primer mandatario como su máximo representante.
Aún cuando Yelizaveta Ovchínnikova, portavoz de Kabáyeva, ha desmentido que no existe tal romance y mucho menos planes de boda, lo cierto es que el rumor de un affair entre la estrella olímpica y el presiente ruso ha circulado con fuerza por los herméticos pasillos del Kremlin, hasta el punto de filtrarse en las fronteras del país para colarse en la prensa internacional, dulcificando la imagen omnipotente del Vladimir Putin, quien el próximo 7 de mayo cederá el mandato a Dmitri Medvédev, para convertirse en Primer Ministro y en el gran maestro de ceremonia de la política rusa.
Pero más allá de los rumores sobre si la ex gimnasta introdujo o no en el aro al jefe del estado ruso, hay que observar un fenómeno interesante que está entiendo lugar en el estado euroasiático: la presencia de jóvenes figuras como las de Alina Kabáyeva en las filas de Putin. Un hecho que pone en evidencia la escasa voluntad que hay por parte de la nueva generación de políticos del aquel país a impulsar un cambio dentro de la sociedad rusa. Da la sensación de que este relevo sigue una sucesión coreográfica con piruetas pre determinadas y calculadas, al ritmo de una música cuidadosamente seleccionada, que al mínimo fallo podrían terminar enredados en la cinta.
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