Viernes 03 de agosto de 2012
EL BCE condiciona la compra de bonos a que los Estados acepten la ayuda condicionada de los fondos de rescate. Los primeros minutos tras las palabras que pronunciaba Mario Draghi en su discurso de este jueves eran de estupor. Las primeras horas, de estupefacta decepción. Pero a medida que se observan los anuncios hechos por el gobernador del Banco Central Europeo en un contexto más amplio, el panorama que aparece es distinto.
Esta misma semana la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Cristine Lagarde, dijo que el gobierno no tenía que tomar nuevas medidas porque las había adoptado todas. El fracaso es evidente. Es cierto que las decisiones del gobierno tienen efectos reales, y que éstos irán apareciendo de forma lenta. ¿Qué estaba diciendo entonces Lagarde? Que el mercado se ha cansado de esperar y que da igual lo que haga este gobierno. ¿Qué dice Mario Draghi? Lo mismo. Que ya no le corresponde a Mariano Rajoy el privilegio de conducir el gobierno de España más que formalmente. Y que tiene que asumir la ayuda del fondo europeo de rescate, con su pléyade de condiciones, y la cesión consiguiente de soberanía.
Esta decisión no se ha tomado a la ligera. Mario Draghi se ha visto esta semana con el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Timothy Geithner, y con el gobernador del Bundesbank, JensWeidman. La convicción de que Mariano Rajoy, pese a la mayoría absoluta en el Parlamento, pese al apoyo mayoritario de los españoles a las medidas de recorte y reforma, no es capaz de tomar las medidas precisas, cunde en los despachos donde se toman las decisiones relevantes políticas y económicas. El crédito del gobierno está en sus horas más bajas. Es difícil ver cómo el Ejecutivo español podría recobrarlo. Pero es tan necesario como siempre y más urgente que nunca que Mariano Rajoy haga uso de las riendas que aún le quedan del Gobierno para acelerar las reformas. De otro modo, la decisión de intervenir por completo España acabará siendo irreversible.
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