Luis María ANSON | Viernes 03 de agosto de 2012
Estuvo prudente, sereno, firme. Los partidos socialista y comunista le negarán el pan y la sal. Están en su papel de oposición a ultranza. A mí me parece un acierto que Mariano Rajoy haya elegido el 3 de agosto y una conferencia de Prensa para explicar a la opinión pública, a través de los medios de comunicación, el balance de sus siete meses de gestión.
Centró su intervención el presidente del Gobierno en el déficit público. No eludió otras cuestiones sustanciales pero acentuó la necesidad de reducir el déficit, de que la cifra gastada por las cuatro Administraciones -la central, la autonómica, la provincial y la municipal- sea inferior a la ingresada. En otro caso se acentuará una deuda insoportable. En el año 2011, el Estado gastó 90.000 millones de euros más de lo que ingresó. El dinero que nos han prestado para cubrir ese déficit lo estamos pagando con unos intereses agobiantes, que crecen además por la especulación.
Para alcanzar el objetivo final de reducir el paro agobiante es necesario equilibrar ingresos y gastos, reducir el déficit a cero y potenciar a las pequeñas y medianas empresas, que son las que generan el empleo.
Bien por Rajoy. Habló con claridad y con sencillez. Supo comunicar con la opinión pública sin vehemencia ni aspavientos. Lástima los meses perdidos a la espera de que se cumpliera el vaticinio de Arriola de que las elecciones andaluzas las ganaría el PP por mayoría absoluta. Lo que acaba de decir Rajoy debió hacerlo hace siete meses. Pero aunque tarde, y a pesar de la voracidad de Ángela Merkel, que quiere seguir haciendo negocio con España e Italia, el presidente ha situado a nuestra nación en el camino recto.
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