Opinión

Siria, la explosiva. I

Víctor Morales Lezcano | Viernes 03 de agosto de 2012
Siria fue reconocida en el pasado como “Creciente Fértil” de lo que es hoy una ex-provincia árabe del imperio turco-otomano, devenida mandato francés durante el período de entreguerras (1919-1939) y, al final, república independiente. (Con el reconocimiento de Siria como estado soberano por la ONU, los franceses evacuaron el territorio en 1946).

Este pequeño país árabe del Levante mediterráneo que los árabes identifican con el viento del este, constituye una muestra elocuente del proceso de balcanización territorial, religiosa y política que sufrió el Oriente Próximo a partir de la segunda postguerra del siglo XX. Otro reflejo del proceso atomizador aludido, lo tenemos a la vista cuando recordamos los conflictos internos que vienen asolando Líbano desde hace muchos decenios.

De resultas de ello, Siria tiene el “privilegio” de ser cinco veces una nación fronteriza (Turquía, Iraq, Jordania, Líbano, e Israel). El conflicto y los contenciosos prosperan, pues, con exuberancia meridional en estas latitudes tan saturadas de historia. En puridad, lo que realmente podría extrañar al observador de los avatares interregionales de la Zona, sería que no se hubieran registrado en sus anales guerras inter-confesionales, disputas fronterizas e intervenciones de potencias terceras.

Si es cierto que durante 1948-1967 la creación y consolidación del estado de Israel fue una mecha que hizo arder con frecuencia el entorno geopolítico de Siria, no lo es menos que la intensidad identitaria que han adquirido los países de la Región desde entonces a través de sus disensos religiosos, ha sido otra fuente de sus conflictos endémicos. Como si el principio regulador de éstos hubiera sido ab initio el de “todos contra todos”: musulmanes, cristianos, judíos -y sus minorías respectivas- siguen viviendo en la Región un registro de enemistad permanente.

Siria, sabido es, posee una mayoría sunní en cuanto país musulmán; sin embargo, el fundador de la presunta dinastía de los Asad (Hafez) pertenecía a la minoría musulmana de los alauíes. Y en esta minoría se integran sectores hegemónicos en la administración y en el ejército de la Siria actual que preside Bachar el-Asad, siendo Damasco y Latakia los focos urbanos donde predominan los intereses alauíes.

Cuando alcanzó favor la corriente nacionalista árabe, hace ya medio siglo, el partido político Baath echó raíces profundas en Siria. El ejército y no pocos estratos de la sociedad siria acogieron con benevolencia interesada la propuesta laica que lanzó la presidencia de la República por entonces.

Dejando aparte a los enemigos internos que se gana a pulso todo régimen político basado en la represión, los dirigentes de Siria han acusado en estos últimos años la sacudida que para el norte de África y Oriente Próximo ha desencadenado el complejo sentimiento popular de despecho y rebeldía que subyace en las revueltas, levantamientos y revoluciones árabes -que de todo está habiendo-.

Con un trasfondo de las características apuntadas, cual es en rigor aquél con que se enfrenta la Siria de nuestros días, veremos en breve (en la segunda parte de esta columna) los solapamientos explosivos que se dan cita en su territorio, con el agravamiento de la crisis que comportan.


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