Opinión

El aviso del FMI

Domingo 05 de agosto de 2012
No hay descanso para los líderes europeos. Lidian a diario con la amenaza de que la gran arquitectura comunitaria acabe saltando por los aires. Al menos su creación económica más señera, el euro, que es el eslabón más débil de todo ese entramado. Lo último ha sido la crítica por parte del Fondo Monetario Internacional, que achaca a la Comisión, a los jefes de gobierno y no en último lugar al Banco Central Europeo haber sido timoratos en la adopción de medidas que puedan solventar la crisis fiscal y financiera que nos aqueja. Tan dura es la situación, tan lenta la reacción de las instituciones, que el continente parece más viejo que nunca.

Es cierto que ya se le ha colgado el cartel de “definitivo” a varios acuerdos europeos que a la postre han resultado ser insuficientes. Grecia se benefició de dos grandes planes firmados por Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, de los cuales se habla menos incluso que del ex presidente francés. El semestre europeo, el “paquete de seis” y el “paquete de dos”, los últimos refuerzos a la arquitectura de gobierno económico de la UE, aunque mejoran claramente ciertos aspectos, tampoco atienden las cuestiones de urgencia. Los temores de Alemania a la inflación, ponen coto a los planes de que el BCE monetice deuda de los países con problemas. El resultado es, efectivamente, el que señala el FMI.

Hay razones poderosas para todo ello. Una actuación extraordinaria por parte del BCE no solventaría los problemas de fondo, y añadiría unos riesgos que, nos lo dice la historia, son potencialmente devastadores. Luego los Estados deben seguir una senda de ajuste y racionalidad fiscal. Pero como con el euro se comparten los riesgos de un comportamiento individual, la única forma de evitar que un gobierno irresponsable ponga en riesgo todo el sistema es centralizando las decisiones para impedir, desde Bruselas, esa irresponsabilidad. Es decir, la propia lógica del euro lleva a la centralización del poder en las instituciones comunitarias. La cuestión, en este punto, es que los beneficiarios de esta centralización del poder coinciden, a grandes rasgos, con quienes pueden tomar las decisiones que proveerían de un alivio más inmediato de la situación financiera. Eso no quiere decir que estén jugando con España e Italia para lograr sus propios fines políticos, pero no es del todo descartable.

TEMAS RELACIONADOS: