RESEÑA
Domingo 05 de agosto de 2012
John Steinbeck: Diario de Rusia. Con fotografías de Robert Capa. Presentación de Scott Simkins y Brian Railsback.Traducción de María Pérez Martín. Capitán Swing. Madrid, 2012. 235 páginas. 18,50 €
La editorial Capitán Swing recupera uno de los mejores libros de viaje de siempre, Diario de Rusia, escrito por la extraña pareja formada por John Steinbeck y Robert Capa. Se trata de una excelente edición, donde las descripciones de Steinbeck están acompañadas por las fotos de Capa –unas setenta imágenes. El resultado del viaje de esos dos genios a la URSS es un libro de turismo periodístico, una crónica de viaje, un reportaje para el New York Herald Tribune, escrito con humor y perspicacia, que alterna descripciones con anécdotas, pinceladas de vida cotidiana con reflexiones sobre la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. El libro, escrito en 1948, recoge las impresiones personales de los autores, capaces de cumplir su promesa: no hablar de política ni de los temas tópicos de la prensa oficial de entonces, sino mostrar el lado humano de los soviéticos, superando las suspicacias y los tópicos que abundaban en los EE.UU. en el comienzo de la guerra fría. Por lo tanto, el objetivo del libro era curar la “moscovitis aguda” de los norteamericanos y la “washingtonitis patológica” de los soviéticos, ese recelo mutuo y prejuicio enfermizo.
El escritor y el fotógrafo viajaron a la Unión Soviética para conocer a sus ciudadanos, compartiendo con ellos el protagonismo del libro, convertidos a sí mismos en personajes principales de esa guía de viaje, ansiosos por recorrer el país y superar los obstáculos burocráticos puestos en su camino. Un retrato único de la posguerra rusa, de sus tierras arrasada por la guerra y de un pueblo obligado a vivir ante enormes dificultades, pero animado por un fuerte orgullo patrio. No se trata de un libro político, sino de una crónica excepcional escrita por Steinbeck e ilustrada por Capa, manteniendo las ideologías políticas al margen –la deformación del régimen de Stalin resulta ausente en estas páginas. Los autores no quieren ofrecer una valoración política del país sino conectar con su pueblo durante su viaje por las granjas de Ucrania y los campos del Cáucaso, pasando por Moscú, Stalingrado y una triste Helsinki, mostrando su fascinación por Georgia y su comida.
Capa, un mito de la fotografía bélica, realizó unos cuatro mil negativos, mientras Steinbeck, Premio Nobel de Literatura, centenares de páginas, para describir ciudades devastadas, hombres mutilados, los modos de vida de los campesinos rusos, gente animada por reconstruir su país. Pluma y objetivo de los autores sirven para contar –tal y como anuncia en las primeras páginas- “no la historia rusa, sino simplemente una historia rusa”, escribir “lo que vimos y oímos”. Diario de Rusia es un libro de viajes escrito de forma amena y entretenida, ofreciendo a la vez tanto de Rusia como de los dos autores una imagen diferente a la habitual. Un relato en el que se combinan el humor y la agudeza de Steinbeck con la mirada privilegiada de Capa para describir, magistralmente, los modos de vida y condiciones de los habitantes de la Unión Soviética. Con su fino sentido del humor, el escritor norteamericano describe sus largas estancias en los aeropuertos, se mofa de la burocracia soviética, ironiza sobre Capa y sus extrañas costumbres, narra la ubicuidad de la imagen de Stalin, haciéndose serio para relatar temas graves como la mirada pérdida de una niña entre los escombros de un Stalingrado por reconstruir. Asimismo, especialmente interesante resulta el capítulo escrito por el propio Capa.
Finalmente, como confiesa temer el autor en sus últimas líneas, este libro no satisfizo ni a la “derecha reaccionaria” que le acusó de ser una provocación prosoviética (los rusos descritos en esta páginas no olían a azufre ni eran los demonios bolcheviques), ni a la “izquierda eclesial” que se esperaba una exaltación de la dictadura del proletariado o al menos su apología. En un relato honesto y una prosa deliciosa, los autores cumplieron su objetivo: Steinbeck y Capa demuestran que “los rusos son como cualquier otro pueblo del mundo. Seguramente los haya malos, pero con mucho la mayoría son muy buenos”.
Por Andrea Donofrio