Irina Bulgákova | Lunes 06 de agosto de 2012
Si le gustan las leyandes urbanas y es una persona supersticiosa, no dude en hacer una parada en Plóshad Revolúziyi, la Plaza de la Revolución (se refiere a la famosa Revolución rusa de 1917). Es la estación de los soñadores y de los que vienen aquí en búsqueda de buena suerte.
La estación se encuentra 34 metros bajo tierra, se inauguró en 1938 y tiene un diseño peculiar, dado que al principio de la construcción se suponía que más tarde sus estructuras se utilizarían para una sala de cine. De ello, el aspecto aparatoso y solemne de los vestíbulos: las paredes de mármol blanco, negro y gris, el suelo de piedra a modo de un tablero de ajedrez y los techos decorados con las enormes lámparas adornadas con colgantes de cristal. Creo que a cualquiera le puede parecer demasiado todo este adorno para una estación del metro. A cualquiera, pero no a un ruso (siempre le parece poco!). Así, el espacio del andén está delimitado por los arcos en los cuales se encuentran las estatuas de bronce sobre pedestal. En total, la estación cuenta con 76 esculturas que representan 20 imagenes de la historia de la Rusia Soviética.
Aquí nos encontramos, entre otras, con las esculturas de un obrero revolucionario con un fusil y granada en mano, un campesino con arma, un marinero con revólver, una joven con fusil, un paracaidista, un guardafronteras con un perro, un padre y una madre con niños, pioneros (movimiento juvenil en la Unión Soviética), una estudiante con su libro, un futbolista, una deportista y un joven ingeniero. Las esculturas se ubican en órden cronológico representando los acontecimientos históricos en Rusia desde 1917 hasta 1937.
Durante la Segunda Guerra Mundial las esculturas se trasladaron a Asia Central; por el camino muchas de ellas se estropearon y volvieron a Rusia deterioradas. No obstante, dado que de cada composición escultural había 4 copias, se consiguió restaurarlas. Es curiosa la postura de las esculturas: excepto los pioneros, el resto de ellas representan a las personas de rodillas, inclinadas o sentadas. Logicamente, era para ubicar bien las composiciones esculturales bajo los arcos. Sin embargo, este pequeño detalle provocó las bromas entre los ciudadanos, que decían que en la estación se representaba al pueblo soviético agachado o de rodillas. Las esculturas están hechas con tanta precisión y realismo, que después de la guerra en la sociedad rusa fluían los rumores de que son los prisioneros de guerra alemanes, cubiertos de metal.
En los tiempos actuales existen las creencias populares relacionadas con estas esculturas, y mucha gente visita la estación para acercarse y tocarlas, pensando en su deseo. En las figuras que tienen más popularidad se puede percibir el desgaste por donde se pasa la mano. Dicen que si usted toca un revólver de la escultura de un revolucionario, va a tener prósperidad en los asuntos económicos y laborales; si pasa la mano por un banderín de un marinero pasará muy buen día y todo irá viento en popa. La escultura de un guardafronteras con un perro es muy popular entre los estudiantes, atraerá buena suerte en los exámenes (la cantidad de los que desea aprobar los exámenes es tan grande que la nariz del perro se quedó sin recubrimiento). Un joven ingeniero atrae a los investigadores: dicen que aporta los logros en la carrera científica. Los que quieren atraer un gran amor, tener una relación en pareja o un feliz casamiento tocan el zapato de una joven estudiante sentada con su libro (este zapato parece estar pulido!). Los que aspiran a ser padres se acercan a las esculturas de una familia con niños. Todas estas creencias son establecidas, pero usted puede inventar la suya propia y, aprovechando su estancia en el metro de Moscú, pensar en su deseo al lado de la escultura preferida.
Lo cierto es que, al subir a la calle, se cumplen los deseos del turista que busca el encuentro con la historia. A unos metros de la estación se encuentra con gran cantidad de monumentos, centros culturales y lugares de la Rusia antigua que, seguramente, va a tener uno de sus sueños cumplidos. La Plaza Roja y el Kremlin, la Catedral de San Basilio y el Mausoleo, el Jardín de Aleksánder y la Tumba del Soldado Desconocido (memorial en honor de los combatientes de la Gran Guerra Patria), el Museo Estatal de la Historia, GUM (famosa tienda de diferentes almacenes creada en la época soviética) y la Biblioteca Estatal de Rusia, son unos de los principales lugares de visita en esta zona céntrica de Moscú.
Si usted todavía tiene algunos sueños o deseos por cumplir, ¡a por ellos! En La Plaza de la Revolución se cumplirán.
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