Opinión

Un pleito peligroso

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 11 de agosto de 2012
Es difícil saber con precisión el alcance que las sanciones internacionales están teniendo sobre el régimen de Teherán. Aparentemente, todo sigue igual. Los ayatollahs siguen apoyando al régimen de El Assad. Esta semana se ha celebrado en Teherán un encuentro internacional auspiciado por la República islámica de Irán que ha congregado a representantes de más de treinta países entre los que estaban Rusia, China, India, Brasil y Pakistán para analizar el conflicto sirio y encontrar posibles soluciones. El Ministro iraní de Asuntos Exteriores, Alí Akbar Salehi, declaró que “las tres ideas centrales que se discutieron en Teherán fueron el cese del derramamiento de sangre, el inicio de un diálogo nacional y la búsqueda de resoluciones admisibles para el arreglo de la situación en Siria”. Así, el régimen iraní pasa a la ofensiva diplomática a favor de Damasco además de continuar con el apoyo militar y político a El Asad. Después de dos semanas de combates, los rebeldes resisten frente al bombardeo aéreo y los tanques. Es cierto que el Ejército Libre Sirio sufre de divisiones internas pero el Gobierno sirio también y se le están acabando los amigos. Por eso, Irán sale en defensa –una vez más- de su mejor aliado en la región.

Sin embargo, la ofensiva diplomática iraní nace debilitada. En primer lugar, es imposible resolver el conflicto sirio sin Turquía ni las monarquías del Golfo, que están del lado de los rebeldes. La semana que viene se reúne la cumbre de la Organización de la Unidad Islámica en Riad con la cuestión siria en la agenda y el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, podría asistir para tratar de recabar apoyos aunque es improbable que logre avances significativos. Por otra parte, el propio frente diplomático que los ayatolahs tratan de construir tiene fisuras graves. La mayor de ellas enfrenta a la Federación Rusa e Irán a propósito de un contrato fallido de venta de misiles tierra-aire S-300 que Moscú no entregó a Teherán. Tras la aprobación de los sucesivos paquetes de sanciones desde 2006, la resolución 1929 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobada el 10 de junio de 2010 prohibía a todos los países vender vehículos militares, aeronaves, buques de guerra, misiles y sistemas de misiles a Irán. Moscú implantó la resolución a través del Decreto Presidencial 1154 de modo que el contrato quedó resuelto y Teherán se quedó sin misiles. La reacción iraní fue entablar acciones legales contra la Federación Rusa ante el Tribunal Internacional de Arbitraje, con sede en Ginebra. El importe de la indemnización reclamada asciende a cuatro mil millones de dólares.

El caso es que esta semana se ha publicado que el Kremlin podría cambiar su posición respecto a Irán si los ayatolahs insisten en su reclamación. El periódico ruso Kommersant se hacía eco de fuentes oficiales que advertían de un endurecimiento de la posición rusa respecto a la cuestión nuclear iraní si los iraníes no desistían de la demanda. Justo cuando es más necesario para el interés de Irán el apoyo ruso, aparece un factor de tensión como éste. Teherán ha tratado de apaciguar a Moscú subrayando que ellos sólo reclamaban novecientos millones de dólares y que el resto lo añadió el tribunal arbitral sin su conocimiento.

Las relaciones ruso-iraníes no peligran. Los dos países comparten intereses en varias cuestiones claves, una de ellas es el trabajo en la central de Bushehr, de importancia estratégica para el programa nuclear iraní. Sin embargo, el pleito podría enturbiar una relación ventajosa para el prestigio y la influencia de Irán. Rusia podría mantener su oposición a intervenciones militares en Siria sin necesidad de compartir los esfuerzos iraníes ni sumarse a ellos. Sin los países árabes del Golfo ni Rusia, Irán lo tendrá muy difícil para liderar nada en relación con el conflicto sirio.

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