Lunes 13 de agosto de 2012
Hay ciertas lecciones de la crisis económica que parecen bien asentadas. Hay un acuerdo generalizado en que hay una relación necesaria con el boom anterior, que los excesos de crédito del pasado provocaron un auge insostenible que, desvelado con el estallido de la crisis, exige ahora un cambio de modelo productivo. Pero hay otras lecciones que no se acaban de asumir. Es el momento de hacerlo.
Una de ellas es que ese cambio de modelo exige abandonar los sectores que crecieron desaforadamente en el pasado y dirigir esos recursos, que ahora quedan ociosos, hacia sectores pujantes que ocuparán su lugar y dirigirán el crecimiento económico. Pero ese es un proceso largo, dolorosamente largo. En el cual se desploma el valor del producto de los sectores que se abandonan, y con éste la productividad.
Esta caída de la productividad ha de ajustarse de algún modo con los salarios. España ha seguido un camino, que consiste en mantener o seguir subiendo los salarios en plena crisis. Esto se ha compensado elevando de forma precipitada la productividad expulsando a millones, literalmente millones de españoles al paro. Es un camino que va en contra de lo que dicta la realidad económica, en contra de la efectividad, echa sobre las cargadas espaldas del Estado un nuevo peso, echa por tierra los planes de millones de familias y resulta muy injusto.
En los últimos tres años, el coste laboral sólo ha caído un 6 por ciento, lo que ha propiciado la destrucción de tres millones de empleos. En Alemania, por el contrario, ese coste bajó en los años previos a la crisis (en España creció un 14 por ciento de 2005 a 2009), y últimamente ha subido. Pero se ha adaptado de modo que la tasa de paro juvenil en Alemania es del 8 por ciento, mientras que en España supera el 52 por ciento.
La reforma laboral está pensada para que los sueldos sigan el curso normal de una crisis, se moderen, luego bajen, hasta que la legión de españoles que busca empleo infructuosamente comience a encontrar oportunidades reales de hacerlo. Los últimos datos apuntan en ese sentido. Los salarios de los convenios revisados en julio crecieron un 1,66 por ciento, mientras que los nuevos convenios subieron un promedio del 0,85 por ciento. Y los convenios nuevos firmados en el seno de la empresa, un 0,47 por ciento. Este es el camino que nos espera. El de que todos aceptemos la crisis, y no se centre todo contra unos españoles desempleados. Sólo así aceleraremos la recuperación.
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