Opinión

Contra el socialismo ingenuo

Guillem Rosselló | Viernes 17 de agosto de 2012
Si algo le debemos a Zapatero es habernos dado a entender de una forma clara y determinante, los defectos de un socialismo ingenuo. La prueba está en que nadie su gobierno se atrevió a calcular qué nos has costado aquella legalización de un millón de personas sin papeles que el “bueno” de ZP llevó a cabo. Y no, no es que yo crea que se les deba negar la sanidad o la educación a los que vienen de fuera. ¡Pues claro que sí! Se les debe dar... si podemos hacerlo. Porque en caso contrario es como si yo, que no puedo hacerlo, quisiera tener en mi casa y a mi cargo a todos mis hermanos. Sé que no cabemos, que faltarían medios y acabaríamos mal. Y si alguien me dice que no les quiero será porque es como ZP y no sabe distinguir la realidad de los sueños. Durante estos últimos años el turismo sanitario -me lo han contado mis alumnos de todo el mundo- ha estado al orden del día. Venían aquí a operarse aprovechando que tenían a un familiar asegurado, un solo familiar que pagaba los impuestos. Se ha abusado de un señor que no echaba la cuentas, como se ha demostrado cuando ha perdido el sillón. Ahora, operados -me lo han contado muchos de mis alumnos- y ante la imposibilidad de encontrar trabajo regresan a sus países y nos dejan con la deuda que ellos crearon y pagando sus impuestos. Ésto parecía Euro Disney. Lo infumable es que ese socialismo tonto no solo permitió que los pobres abusaran de los que tampoco éramos tan ricos -como se está demostrando- sino que ni siquiera les puso ningún impuesto especial a las grandes transacciones comerciales, ni a las grandes fortunas, ni tan solo se lo puso un poco difícil a los grandes centros comerciales que estuvieron y todavía están mandando al garete a la pequeña y mediana empresa -si al menos hubieran hecho algo de todo esto... pues a los mejor no estaríamos tan mal-. Pero no. ZP y Rubalcaba -son el mismo con dos caras-, también quisieron tener contenta a la clase alta, y así está la cosa de hundida y así de ahogados en deudas. Lo trágico es que al fin, cuando han tenido que decirnos toda la verdad porque ésta no cabía ni debajo de la alfombra de corbatas y sonrisas que habían tejido, ha resultado que solo unos pocos pagábamos una parte del mantenimiento de aquel fasto nacional y dejábamos lo otro firmado en pagarés... que han vencido. Y claro, la cosa ha acabado mal. A aquel gasto público no lo podría mantener ni Alemania. Pero hasta los grandes sindicatos vivían felices. En tiempos de ZP, aquí, en Palma de Mallorca, cada primero de mayo del largo fiestorro socialista, no eran más de sesenta o setenta persona las que salían a la calle a reivindicar. De hecho, había más policías que gente exigiendo. Lo vi con mis ojos. Ni siquiera a CCOO ni a UGT les interesó enfrentarse a una contabilidad que debía dar miedo. Ellos se dedicaban a preparar octavillas, pancartas y banderas rojas para el primero de mayo. En la Moncloa solo se pactaban mentiras y silencios. La cuestión era salir en la foto, no perder poder, ni la teta grande... creo que solo eso les interesaba a los principales actores de aquel socialismo ingenuo.
Guillem Rosselló

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