RESEÑA
Domingo 19 de agosto de 2012
Aisling Foster: A salvo en la cocina. Traducción de Bárbara Mingo Costales y Andrés Barba Muñiz. Pre-Textos. Valencia, 2012. 419 páginas. 27 €
Alejandra Fiódorovna Románova, zarina de todas la Rusias, fue la última mujer que ostentó ese título antes de ser asesinada el 17 de julio de 1918 junto al resto de su familia. Ella protagoniza la portada de este libro que, en un primer momento, no parece casar mucho con el título. La zarina, en un retrato en que se observan los magnos ropajes y las bellas joyas con las que se adornó la protagonista del cuadro, contrasta con un lugar tan poco noble como puede ser la cocina. Pero, realmente, existe esa conexión aunque para conocerla hace falta tener raíces en la Isla Esmeralda, donde, generación tras generación, ha existido una leyenda que situaba las impresionantes joyas de la esposa del zar Nicolás II en Dublín, dentro de una caja fuerte ubicada en la cocina de una casa. Es con esta historia con lo que el título y la portada se convierten en un todo perfectamente engarzado.
La novela se desarrolla en los convulsos años de la independencia de Irlanda respecto al Reino Unido, con el nacimiento de este nuevo Estado que no abarcaba la totalidad de la isla, y que posteriormente tuvo las nefastas consecuencias que todos conocemos. En ese contexto histórico es donde conocemos a una joven de diecinueve años, Rita, que se enamora perdidamente de un luchador y defensor de la causa independentista irlandesa como era Frank Fee. Este inicio de una relación amorosa es el punto de partida de esta historia que nos irá narrando diferentes pasajes de la vida de estos personajes casi minuto a minuto.
Una de las consecuencias de este temprano matrimonio es que la joven Rita conocerá los Estados Unidos de América y es allí donde encontrará ese oscuro objeto de deseo, las joyas de los Romanov, esas impresionantes joyas que en otro tiempo adornaron los regios cuerpos de las zarinas rusas y que ahora ella palpaba entre su manos, probaba en su cabeza, cuello y orejas, admirándose de la belleza de esas obras salidas de las manos de los mejores orfebres, así como de la manera en que su propia belleza resaltaba con el brillo de los rubíes, diamantes o las más espectaculares perlas naturales, acompañadas del oro de la mejor calidad y factura.
Sabedora de los recelos y desprecios que esas joyas despertaban en su propio marido y en los correligionarios que les acompañaban, no tenía más opción, si quería conservarlas, que guardarlas en el más absoluto secreto.
Vamos a seguir las peripecias de la vida de esta pareja con el trasfondo permanente de las joyas. Veremos cómo este secreto acaba involucrando tanto a amigos como a familiares, así como las consecuencias de los turbios negocios y de los innumerables tejemanejes que se ocultaban en la política de la época, más aún en el inicio de una nueva nación como es el caso. Incluso la desconfianza y el ansia de poder generarán la transformación del amado esposo en una bestia cegada por la ira y la violencia que desemboca en golpes contra la que ha sido su inseparable compañera de viaje, aventuras y peripecias.
Aisling Foster, de modo magistral, nos lleva por el surgimiento de la nación irlandesa, por esos derroteros que la vieja Europa tan bien conoce como son el surgimiento de una nación, acompañados casi siempre de violencia extrema, que han forjado con el paso de los siglos el mapa actual de un continente lleno de historias dentro de la Historia.
Por Jorge Pato García