Luis María ANSON | Lunes 20 de agosto de 2012
Todas las informaciones que he podido acumular sobre la mesa de mi despacho coinciden en subrayar la conspiración sindical para convertir la vida política de Mariano Rajoy en un martirio durante el próximo otoño. Se trata de reproducir Grecia para doblegar al presidente del PP y obligarle a convocar nuevas elecciones. El perjuicio gigantesco que para los trabajadores va a suponer el rosario de huelgas que se prepara no cuenta para los sindicatos. Hay que hacer daño caiga quien caiga.
El profesor Feito, tras una investigación exhaustiva llegó a la conclusión de que una parte considerable del paro en España se debe a la abusiva actividad sindical y a las exigencias voraces que condujeron a muchos millares de empresas al cierre o al ere. Pedro J. Ramírez escribió en abril pasado: “Si España tiene cinco millones de parados es porque la coacción de unos sindicatos herederos de los poderes fácticos del franquismo impidió flexibilizar a tiempo el mercado de trabajo de forma que el ajuste pudiera hacerse, como en tantos países de nuestro entorno, por la vía de los salarios y las condiciones de trabajo y no por el empleo”. Exacto. La conducta irresponsable y demagoga de un sector de los sindicatos y también de varios dirigentes de Izquierda Unida está en la médula de los males de España. El Gobierno de izquierdas de Zapatero nos metió en el pozo de los 12 puntos de déficit público y financió y espoleó a unos sindicatos que provocaron la ruina de cientos de miles de empresas y el paro acongojante que padecemos.
Ante el otoño que llama a la puerta, conviene advertir que, si no se paraliza a los pirómanos, los incendios de la conflictividad social consumirán una buena parte de las medidas que el Gobierno Rajoy ha tomado para la recuperación de España.
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