Opinión

La seguridad de las tropas norteamericanas en Afganistán

Miércoles 22 de agosto de 2012
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, mostraba su preocupación por los ataques que los soldados estadounidenses desplegados en Afganistán han sufrido los últimos días por parte de policías y militares locales, y que han dejado un balance de diez soldados fallecidos. El tema es, en efecto, digno de tenerse en consideración, no ya por las dramáticas consecuencias de este problema sino por sus causas. Entre ellas, la precipitación con que la coalición internacional se está conduciendo de un tiempo a esta parte en todo lo referente al abandono del país asiático.

El tremendo esfuerzo humano y material llevado a cabo durante la última década no ha dado los resultados esperados; eso es indudable. Pero precisamente para no echar en saco roto dicho esfuerzo, lo correcto sería dejar Afganistán en las mejores condiciones. La insurgencia talibán, lejos de estar controlada, aumenta su poder cada día que pasa. La población civil no acaba de confiar en un germen de administración donde la corrupción amenaza con socavar la de por sí endeble estructura del estado y, por si esto fuera poco, los llamados a convertirse en garantes del orden público se están demostrando muy poco de fiar. Urge, por tanto, replantear la estrategia en Afganistán; más que salir, pareciera que lo que hace la coalición internacional es huir.

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