Opinión

Caso Bretón: no puede haber más errores

Jueves 30 de agosto de 2012
La desaparición de los niños Ruth y José Bretón causó una tremenda conmoción en la sociedad española. Una conmoción que se ha visto incrementada por el giro de ciento ochenta grados que ha dado la investigación. Desde que su propio padre, José Bretón, denunció la desaparición de los pequeños, las pesquisas de la Policía iban por el camino correcto de considerarle como su presunto asesino –bajo la hipótesis de una venganza contra su mujer y su petición de divorcio- y centrar las investigaciones en la finca de los abuelos paternos de los niños, Las Quemadillas –nombre que, a tenor de lo que ahora se sabe, cobra un carácter de siniestra premonición-, pues en ella entró Bretón con sus hijos y salió sin ellos, un hecho innegable frente a las explicaciones del sospechoso que no guardan la menor consistencia.

Ahora se ha descubierto que ese buen camino se torció, pues el informe realizado por la Policía Científica se equivocó de medio a medio al afirmar con rotundidad que entre los restos de una hoguera de Las Quemadillas los huesos y dientes encontrados no pertenecían a seres humanos sino a roedores. Un segundo informe, encargado de manera particular por la madre de los niños, certificó que los huesos y dientes correspondían a niños de la edad de Ruth y José. Y un tercero, solicitado por la propia Policía ante las abismales discrepancias de los dos anteriores, corroboró el segundo.

Resulta absolutamente lógico y comprensible que la ciudadanía se pregunte atónita cómo ha ido posible un error de semejante calibre. Es obvio que si el primer análisis hubiera sido acertado, habría supuesto un enorme ahorro y, sobre todo, y lo más importante, un cierto alivio, dentro de su terrible sufrimiento, de la madre -que cuenta con la solidaridad de todos- al terminarse la incertidumbre. No se trata de arremeter en su conjunto contra la labor de la Policía Científica, pero tampoco es posible mirar para otro lado como si nada hubiera sucedido, lo que, con razón, despertaría la alarma social, dada su gravedad.

José Bretón, llevado de nuevo a la finca, contempló con absoluta frialdad y sin el menor indicio de venirse abajo la inspección de la hoguera. Todavía el caso no está cerrado. Todo apunta a que presuntamente Bretón mató a sus hijos, pero en un Estado de Derecho la presunción de inocencia es sagrada, por lo que no deben hacerse juicios paralelos. Aun en el caso de presuntos asesinatos tan especialmente execrables y repugnantes como este. Sin más errores de ningún tipo, los ciudadanos esperan que Bretón se siente en el banquillo y, si es culpable, caiga sobre él todo el peso de la ley.

TEMAS RELACIONADOS: