Opinión

Santos y un diálogo arriesgado

Jueves 30 de agosto de 2012
Desde su creación hace medio siglo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han causado un enorme daño al país iberoamericano. Y no únicamente -con ser eso lo peor- por todos los muertos y secuestros que tienen a sus espaldas, sino por lanzar una imagen de Colombia como país violento y peligroso, ayudados en ello por el narcotráfico, hasta el punto de ligar a Colombia con el concepto de narcoterrorismo. Así, FARC y narcos –sin olvidar a los paramilitares- han impedido en una gran medida el desarrollo y progreso colombianos.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha confesado que su Gobierno está realizando “acercamientos” a la guerrilla y que tiene intención de establecer un proceso de diálogo para sacar adelante el llamado Marco para la Paz. Su antecesor en el cargo, Álvaro Uribe, se ha opuesto de manera decidida y contundente a la iniciativa, que, a pesar de contar con ciertos atisbos de que iba a producirse, no ha dejado de causar sorpresa. Las FARC, formadas en la actualidad por unos nueve mil hombres armados, no han dejado ni por asomo su actividad criminal. Todavía tienen en su poder cientos de secuestrados y, sin ir más lejos, el pasado fin de semana, colocaron un coche-bomba en el departamento del Meta, causando seis muertos.

No es la primera vez que un presidente de Colombia apuesta por esta vía. El último y más paradigmático ejemplo lo ofrece Andrés Pastrana (1998-2002) que, al final, prácticamente burlado por los guerrilleros, tuvo que desistir del diálogo. Santos ha dicho que no cometerá los mismos errores y, sobre todo que no establecerá, como hizo Pastrana con Caguán, una zona desmilitarizada que, en medio de las “conversaciones”, le sirvió a las FARC para fortalecerse.

Sería muy conveniente que Santos no olvidase estos antecedentes ni la elemental premisa de que un Estado de Derecho no puede ponerse al mismo nivel que un grupo terrorista –así son consideradas las FARC por la ONU-, que no es otra cosa lo que ocurre en este tipo de “diálogos”, por mucho que quiera camuflarse con eufemismos. Y que recuerde los magníficos resultados que ha venido ofreciendo la política de firme y contundente ofensiva contra la guerrilla, en la que el propio Santos ha participado, primero como ministro de Defensa del Gobierno de Uribe, y después como presidente. No muy lejanos golpes decisivos a las FARC fueron las caídas del “Mono Jojoy” y de Alfonso Cano, jefe militar y jefe máximo de la guerrilla, respectivamente.

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