Germán Ubillos | Jueves 30 de agosto de 2012
Con eso de que ellas, las mujeres, son más perceptibles, más sensibles, más receptivas y por lo general a mi modo de ver más complejas e inteligentes, varias de ellas amigas mías me han comentado que durante las vacaciones o sea durante el mes de agosto España ha disfrutado de un descanso y de una tranquilidad que no hemos disfrutado durante todo el año y que ha coincidido con la ausencia de los políticos, de la clase política de sus despachos y también por lo general del resto de los políticos europeos de los suyos. Si esto fuera así la consecuencia más lógica es que sobrarían todos ellos, o para ser más exactos que son ellos en su conjunto los que crean el malestar, la angustia y la desgracia de los administrados, de los ciudadanos de a pie. Por otro lado si todo funciona igual estando ellos de vacaciones, ¿por qué no pensar que podría todo seguir funcionando así si desaparecieran para siempre, si no volvieran de sus vacaciones estivales? Rajoy, por ejemplo, se ha tomado un tiempo prudencial para pensarse lo del segundo rescate y su inevitables consecuencias, para eso se ha ido a Galicia y nadie ha dicho nada ni la canciller alemana ni nadie mientras él estaba de vacaciones, en cuanto ha vuelto de Galicia las nefastas “agencias de calificación” han comenzado a decir que debe de pedir el rescate y cuanto antes mejor, pero creo que el españolito de a pie se ha ido dando cuenta que llevamos al menos dos inviernos seguidos o dos cursos políticos a disgusto diario, a mala noticia diaria, en agosto se han callado los políticos y sus altavoces, el corifeo de los medios informativos que parece ser que viven de ellos. Los anarquistas pensaban así, que sobraban todos los políticos, que los países podían vivir y respirar tranquilamente sin ellos, pero claro había que demonizar a aquellos nefastos y nefandos seres anarquistas, porque ¿de qué iban a vivir entonces lo políticos? Es como el chiste aquel que dice que de qué iban a vivir los médicos sin los enfermos y estos sin los enterradores y viceversa, claro tienen que vivir todos, médicos, enfermos y enterradores, y sobre todo y finalmente la parca, claro, la muerte. Pues así la clase política opulenta y bien alimentada se nutre como las sanguijuelas de la sangre de los ciudadanos, tiene su derecho a vivir opíparamente y si encima crea esa tensión entre los ciudadanos, ese clima de angustia y catastrofismo mucho mejor.
Conocí una época en la que había muy pocos políticos y los que había odiaban precisamente la proliferación de esa raza de sanguijuelas, había mucho orden, nada de paro y nada de “prima de riesgo”, pero claro no se puede hablar de eso porque es como hablar casi de los anarquistas. El inconveniente de haber vivido mucho es que has visto mucho y además has tenido mucho tiempo para pensar, quizá demasiado. Mis amigas, algunas de ellas mucho más jóvenes que yo, ya se han percatado, se están dando cuenta o lo están intuyendo, el problema es saber cómo nos deshacemos de todos ellos, no va a ser fácil la tarea pues están aferrados a sus poltronas y como los vampiros no van a soltar la yugular del pueblo, un pueblo casi famélico y excesivamente desangrado, nos tendrá que ayudar la providencia, los “marines”, como dije en otro artículo, o quizá que se pasen de la raya este próximo invierno que se avecina y que los ciudadanos se revuelvan en sus tumbas e inicien la caza de quienes no les dejan descansar en paz…. y cuando lo hacen es solamente en verano.
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