Los Lunes de El Imparcial

Leopoldo Brizuela: Una misma noche

RESEÑA

Domingo 02 de septiembre de 2012
Leopoldo Brizuela: Una misma noche. Premio Alfaguara de Novela 2012. Alfaguara. Madrid, 2012. 288 páginas. 18 €

Los premios no le han sido esquivos a Leopoldo Brizuela. El narrador, poeta y traductor argentino, ya con su primera novela -Tejiendo agua, escrita a los 17 años- recibió el Premio Fortabat en 1985. De ese hito en adelante, su producción narrativa ha merecido el Premio Clarín de Novela, el Municipal de la Ciudad de Buenos Aires y el Konex. Además fue finalista del Rómulo Gallegos en 2011. Ahora ha ganado el Alfaguara de Novela 2012 (ciento setenta y cinco mil dólares y una escultura de Chirino) con Una misma noche, novela que trabaja con la comparación entre los actuales mecanismos de represión y control utilizados por el gobierno argentino y los practicados en la dictadura argentina de 1976, una de las más sangrientas de la historia de Argentina.

Es la historia de Leonardo Bazán, escritor de cuarenta años que regresa a la casa de su infancia para cuidar a su madre. Allí, en la ciudad de La Plata, es testigo de un asalto en plena “democracia” –ponerle comillas y cursivas a nuestras democracias, trabajar a partir de esa farsa es el tema- lo que indefectiblemente lo traslada a 1976, a sus 13 años, donde hubo un allanamiento en la misma casa. Este escritor empieza una novela para desentrañar el pasado que, como un trauma, se las había arreglado para desaparecer.

Nada ingenuo es que el personaje se llame de manera tan parecida al autor. La similitud Leonardo Bazán y Leopoldo Brizuela nos da señas de una posible autoficción ya habitual en las últimas entregas de la producción narrativa latinoamericana. Libros como El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron, o Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, también intentan desentrañar ese pasado militar y bien podría ponerse este libro, no juntos, pero sí cerca –a doce años de distancia-, en nuestros estantes. Es interesante el fenómeno. Brizuela, en una entrevista, dice que el primer comentario que tuvo de Una misma noche cuando todavía era un manuscrito fue “otra novela sobre la dictadura”, a lo que el autor responde que no hay más remedio, que para escribir no puede dejar de lado su experiencia.

Parece inevitable para un escritor latinoamericano nacido en 1963 y para uno nacido en los setenta, ochenta y noventa, escribir sobre la historia de su país, que es la historia de una generación y todas las novelas –la suma de la escritura de las diferentes generaciones- conforman de alguna manera una idea de pasado y de presente. En este sentido, Una misma noche merece la pena, tiene su espacio, aunque a ratos se hace tediosa, incluso ya leída. Esto quizás sea producto de que está demasiado cargada de conceptos cansadores –por eso no las pondría demasiado cerca de Zambra o Pron, doce años menores-, no por no estar de acuerdo, si no por no poder librarnos de ellos. No sólo en la literatura los hemos leído y releído. Sabemos de quienes son hijos los actuales gobiernos y de dónde emergen las formas actuales de gobernar, y en este aspecto, a ratos, es obvia.

“Quien la sobrevolara (la ciudad), esta noche que quiero enfocar –un helicóptero de la policía, un guerrillero que ha conseguido escapar y vuela al exilio-, creería descubrir la verdadera función de esa cuadrícula: una jaula, un plano de operaciones.” Pero, al parecer, no hay otra manera de referirse, de nombrar esos lugares en esta novela. Los dueños de la noche, Rodolfo Walsh, la Asociación de Madres de la Plaza de Mayo y lo no declarado deben estar aquí para desentrañar el pasado como un deber por culpa y responsabilidad.

Por Gabriel Zanetti

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