Lunes 03 de septiembre de 2012
El mismo día en que el líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, hacía pública la cooperación entre su país y Corea del Norte “para hacer frente a enemigos comunes”, Israel contestaba con un alegato de sentido común no siempre habitual en su primer ministro, Benjamín Netanyahu. Así, el mandatario israelí solicitaba ayer a la comunidad internacional que trace una “línea roja” para poner coto a la política nuclear iraní, al tiempo que se mostraba partidario de un frente de actuación común.
El belicismo de Mahmud Ahmadineyad -no sólo en el plano nuclear- es algo conocido. Conviene prestarle la debida atención y buscar el consenso de la comunidad internacional en dos vertientes: la primera, procurar rebajar una tensión para nada beneficiosa; y la segunda, mostrar firmeza y unión ante políticas tan agresivas. Hasta ahora, las autoridades israelíes han sabido mantenerse al margen de las provocaciones de Teherán, algo que retrata el sentir de ambas administraciones. Sin embargo, la pasada primavera comenzó a cobrar fuerza el rumor de un eventual ataque preventivo de Israel contra objetivos iraníes; algo que tendría unas consecuencias sumamente nefastas.
Este nuevo giro hacia posiciones más distendidas -aparentemente, al menos- del gobierno israelí es una buena noticia. A nadie le interesa un conflicto entre dos países como Israel e Irán. La irrupción de Corea del Norte carece de relevancia alguna, más allá de su efecto mediático. Lo importante es que Israel siga sin caer en las provocaciones de Mahmud Ahmadineyad.
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