Lunes 03 de septiembre de 2012
Este fin de semana ETA ha vuelto a acaparar los focos de la vida política vasca, con marchas de apoyo a Bolinaga por un lado, y por otro con los socialistas felicitándose por su liberación. Era el caso de Rodolfo Ares quien, en una extensa entrevista concedida a El Mundo no cesaba de incurrir en el oxímoron que supone meter en el mismo saco al carcelero de Ortega Lara y al estado de derecho. Pachi López iba aún más lejos al intentar patrimonializar para el PSE -que no para el PSOE- la victoria sobre ETA.
Una victoria que, dicho sea de paso, aún no se ha producido. La banda terrorista ha dejado de matar más por la derrota que le han infligido Guardia Civil y Policía y, en general, el Estado democrático que por falta de ganas. Ni se ha disuelto, ni ha entregado las armas ni ha reparado el inmenso daño causado. Antes al contrario, su brazo político muestra cada día su verdadera cara en los ayuntamientos donde gobierna, y ahora amenaza con hacer lo propio en la Lehendakaritza. Si lo logra, una parte de responsabilidad habrá que atribuirla a la excesiva condescendencia hacia el entorno terrorista que han tenido entre otros Pachi López, por no hablar del presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren.
Todo lo que se ha logrado hasta ahora contra ETA ha sido gracias a muchos, no sólo a unas siglas concretas. E intentar arrogarse para sí un éxito que aún no es tal supone una irresponsabilidad tremenda, aparte de una falta de respeto. La tarea de todos los partidos democráticos –y del propio Gobierno- consiste en escenificar la victoria de la democracia. Unidos. Y la escena de ver a los autobuses de San Sebastián con carteles favorables a ETA, más bien indica que la paz la pueden ganar los terroristas.
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