Joaquín Albaicín | Lunes 03 de septiembre de 2012
Woody Allen dijo aquello de: “Sólo me interesa el futuro, porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. Yo, en cambio, no he pasado ahí –ni creo que vaya a pasar- ni un minuto de la mía. He vivido –y sigo viviendo- siempre en el pasado. Nunca he estado en el futuro, el futuro nunca me ha llegado, aunque desde muy jovencito todo el mundo afirmara, curiosamente, que tenía muchísimo y, de hecho, me lo siguen diciendo (o bueno: la verdad -las cosas, como son- es que ya no me lo dicen tanto). A lo mejor por eso, porque tenía o parecía tener demasiado futuro, el Futuro con mayúsculas –eso sí, muy educadamente- no ha cesado sistemáticamente de rehuirme, no fuese a ser que, al estrecharme la mano, absorbiera todo su potencial y le dejara en los huesos.
Parece, en fin, que al Futuro, con quien no niego haber coincidido en infinidad de cócteles, fiestas y reuniones, le ha dado miedo pasar, conmigo, más allá de un saludo protocolario y de conformidad con las normas de la buena crianza. No puedo, en el fondo, tomármelo a mal, pues el haber vivido siempre al día y recibiendo del Futuro favores no más que de boquilla, me ha mantenido en un limbo muy de agradecer en estos días en que la gente se tira de los pelos y pasa sus horas afilándose las uñas y los dientes ante la perspectiva de trincar –caiga quien caiga- mil euros.
Debe ser debido a esa falta de experiencia mía en el trato de tú a tú con el Futuro por lo que no deja de sorprenderme ese ansia detectable en los españoles por arramplar como sea con un dinero que, con toda probabilidad, mañana no valga ni la tinta con que se imprime. Resultaría, a mi humilde modo de ver, mucho más rentable preocuparse por atesorar riquezas en el mundo por venir, en esa Edad de Oro por cuya restauración cabalgara y luchara Don Quijote, de creer las lúcidas reflexiones al respecto de Pere Sanchéz Ferré en su libro “El Caballero del Oro Fino”, cuya lectura, desde esta butaca mía a la que no parecen llegar nunca los aires del mañana profano, me permito recomendarles.
El tiempo que emplean en ganar dinero como sea, dedíquenlo a leer. Porque… Desengáñense: este tinglado no va a durar. Ni va a recuperarse la economía, ni la tecnología va a darles de comer, ni van a volver a celebrarse corridas en Barcelona, ni nada de nada. Partan, pues, cual hidalgos al amanecer, en busca del Toboso. Entonces sentirán la satisfacción de que sea el enojado y desairado Futuro, anonadado por la pérdida de un cliente, quien corra como un idiota tras sus pasos.